Cuando se trata de emociones, es muy común que reaccionemos huyendo, evitando esas situaciones que nos hacen sentir enfado, miedo o tristeza, rechazando lo que estamos experimentando, juzgándolo y juzgándonos a nosotros mismos por sentirlo… ¡qué tontería tan tonta! Sentir emociones es natural y necesario, gracias a ellas, podemos aprender mucho sobre nosotros y sobre las situaciones que vivimos, además de resolver dificultades, adaptarnos y poner consciencia a los procesos que todos vivimos.
En ocasiones experimentamos una especie de trampa mental: nuestro cerebro, equivocadamente, atribuye un peligro infundado a una situación. Por ejemplo, si yo he sentido mucho estrés en una situación social, el cerebro, creyendo que necesita protegernos, podría sobre activarse en otras situaciones sociales.

Pretender huir es una fuente de problemas para nuestra salud mental, para nuestra autoestima y para alcanzar la madurez. El método que nos propone hoy Rafael Santandreu, en su libro Sin miedo, consiste en hacer todo lo contrario: afrontar, buscar encontrarnos con esas situaciones que nos generan emociones difíciles. Este método incluye 4 pasos:
- Afrontar: diariamente propiciar y salir al encuentro de las situaciones que nos generan emociones fuertes como el miedo, haciendo con ello lo contrario de lo que nos pide el cuerpo: evitar. Si, por ejemplo, tienes miedo a las enfermedades, puedes buscar activamente información en internet para confrontar esos temores y sentir el miedo.
- Aceptar: en vez de rechazar la situación que estamos viviendo y la emoción que estamos sintiendo, permitirnos aceptarlo, sentirlo, rendirnos a esas sensaciones físicas con las que se expresan las emociones en nuestro cuerpo. En ocasiones será miedo, pero en otras, la emoción que tendremos que aceptar será la rabia, la culpa o la tristeza más o menos intensas. Podemos aprender a permitírnoslas a nosotros y también a los demás, sin reaccionar, como si fuésemos espectadores.
- Flotar: en la misma línea que el paso 2, consiste en respirar la emoción, ponernos blanditos ante ella, en vez de tensar los músculos y ponernos rígidos, como solemos hacer.
- Dejar que pase el tiempo: una vez que hemos pasado por los primeros 3 pasos, y no antes (pues sería evitación), seguir con nuestra vida, aceptando la sensación física y emocional que tengamos todavía, distraernos con alguna actividad cotidiana para nosotros mientras experimentamos cómo la emoción se va disipando.
¿Parece difícil? Si estamos experimentando emociones fuertes, va a haber momentos intensos, pero es un método que está contrastado y funciona muy bien. Nosotros lo podemos ir regulando, teniendo en cuenta que, en lo posible, cuanto más nos expongamos y cuanta mayor intensidad emocional nos genere la situación, antes le daremos la vuelta a esta trampa mental en la que hemos caído.
Seguir evitando sólo va a conseguir que cada vez tengamos una vida más triste y limitada, en la que estemos cada vez más asustados, sin libertad y sin autoestima. No sé cómo lo ves, pero yo creo que la vida es demasiado valiosa para estar muertos en vida… ¿no te parece? ¡Disfrutemos del regalo que es vivir!
¡Ah! Aprovecho para recordarte que finalmente en mayo hemos empezado con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online – ¡¡el 12º!! – y todavía tenemos una plaza disponible. ¿Te apetece probar? ¡No dudes en pedir info!
