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El libro

Siempre me ha gustado escribir, me resulta más fácil poner en palabras escritas emociones, opiniones y reflexiones, que en palabras habladas. ¡Es lo que tenemos los tímidos!

Por eso, porque siempre me gustó escribir, empecé este blog, para compartir lo escrito y lo vivido con otros como yo, que con experiencias similares a la mía o no, pudieran encontrar inspiración y motivación en estos post. Lo inicié cuando llegué a Alemania, y en él se recoge mi experiencia personal y con clientes, expatriados todos nosotros, durante estos 3 años.

Cuando alguno de los amigos suscriptores me sugirió hace tiempo la idea de escribir un libro, a mí me pareció un proyecto un tanto ambicioso; hoy, aunque todavía con un poco de pudor, me he lanzado a esa aventura, con mucha ilusión y disfrutando mucho por el camino. He empezado esta semana, lo primero que he escrito han sido los agradecimientos porque es mucha la gente a la que estoy agradecida, a la que debo mucho y que en algún sentido ha participado y contribuido en esta experiencia; al ver todos los nombres escritos me he dado cuenta de lo afortunada que soy por haber contado con tanto apoyo bueno.

Por otra parte, está siendo muy interesante repasar todo lo publicado en el blog, ver la evolución desde 2010 hasta hoy, recordar en qué momento estaba y por qué escribí sobre ese tema en cada post. Estoy recordando muchas cosas al hacerlo y la verdad, ¡Estoy disfrutando como una enana!

Ya veremos qué tal es el resultado, y si alguna editorial temeraria se anima a publicarlo, en cualquier caso, por el camino, me lo estoy pasando muy bien. Espero que cuando salga a la luz (lo conseguiré) sea una herramienta y una fuente de inspiración para otras personas, que como yo, se encuentren con el desafío de construir una vida feliz en el extranjero… ¡Va por vosotros!

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La Decisión

 

Todos los que vivimos en otro país, y algunos de los que decidieron quedarse, hemos pasado por eso: las cosas no van bien en tu entorno, llevas tiempo buscando trabajo y no encuentras nada “de lo tuyo”, si eres de los afortunados que consigue encontrar un trabajo para el que estás claramente “sobrecualificado”, la retribución que recibes a cambio difícilmente se puede llamar así… A tu alrededor el panorama no es mejor, la gente de tu entorno está en situaciones similares, algunos incluso peor con más que serias dificultades para llegar a fin de mes, otros pocos, conservan su trabajo de “antes de la crisis” y aunque les han bajado un poco las percepciones están algo mejor que el resto…

Ante esta situación te planteas lo que nunca se te hubiera pasado por la cabeza… después de todo, siempre decimos eso de que “como en España, ¡En ningún sitio!”… y un buen día te encuentras reflexionando sobre otras opciones…  ¿Y si me voy a otro país?

Con este post pretendo aportar algunas reflexiones, a la luz de la experiencia personal y ajena que he ido viviendo desde que estoy en Múnich, que tal vez puedan ayudar a pensar a personas que en este momento se estén planteando salir del país a ganarse la vida.

Es posible encontrar oportunidades en otro país, si bien antes de dar el paso, conviene tener en cuenta algunas cosas:

–          Necesitas tener los mejores conocimientos posibles del idioma local; si no lo hablas bien, tus posibilidades de encontrar trabajo se reducen nuevamente a las de puestos para los que vas a estar nuevamente sobrecualificado. Además, ten en cuenta que desde que te bajes del avión se va a hablar ese idioma, y todas las gestiones que vayas a hacer, serán en ese idioma…

–          En otros países también hay crisis, paro, picaresca y corrupción. Venir a la aventura… sin trabajo y sin casa, a un país en el que no conoces el idioma, puede ser “salir de Málaga para meterte en Malagón…”.

–          Necesitarás adaptarte a una nueva cultura.

Por tanto, si decides venir, prepárate bien antes: haz un curso intensivo del idioma, infórmate muy bien de todos los aspectos legales y administrativos, extrema las precauciones, haz un viaje previo para tomar contacto, rematar la búsqueda de piso y de un puesto de trabajo.  Ahorra un poco para tener un colchoncito. Armate de paciencia y flexibilidad, las necesitarás para adaptarte a la nueva cultura de tu país de acogida, para que llegue un momento en el que puedas descubrir que como en España… o incluso mejor… se puede vivir en muchos sitios…

Decidas lo que decidas, felicítate por tu determinación, por no conformarte con menos de lo que mereces, por buscar y crear oportunidades aquí o allí, porque siempre hay opciones. Y recuerda que esta crisis también pasará… lo hacen todas… Aprovéchala para crecer y desarrollar tu potencial, ese que no sale hasta que no lo necesitas…

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Seguimos en el extranjero

 

Cuando te vas a vivir a otro país, al principio todo es nuevo: cada día descubres algo, tienes la sensación de estar un poco como “de vacaciones”, todo es exótico,  tus nuevos vecinos son exóticos, tú eres exótico. Empiezas a trabajar o empiezan a llegar los primeros clientes. Con el nuevo idioma, avanzas muy rápido, te parece que en poco tiempo estás aprendiendo mucho, y te encanta comprobar cómo la gente te ayuda a hacerte entender. Cada vez conoces más gente y si eres un poco optimista, es fácil que empieces a pensar: “bueno bueno, de aquí a un año o un poco más, el idioma… ¡Dominado! Y los clientes… ¡Voy a tener lista de espera para hacer procesos de Coaching! Vamos vamos…”.

Muchos vivimos esta sensación de enamoramiento inicial, pero los enamoramientos pasan, y un buen día te levantas por la mañana y te dices: ¡Vaya, todavía estoy aquí! Y ya no te parece tan exótico, tú también has dejado de serlo, ahora tienes la sensación de que tus vecinos empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que por fin hables bien el idioma, y tú también tienes la sensación de que llevando el tiempo que llevas… ¡Deberías hablar mejor! El negocio progresa, a su ritmo… pero estás todavía un poco alejado de esa visión de “lista de espera”.

Ante este panorama, te sientes triste, echas de menos a los tuyos, pero los tuyos empiezan a acostumbrarse a tu ausencia, y en tu nuevo país, es muy posible que hayas conocido mucha gente, pero el proceso de construir amistades, lleva su tiempo… Y no sientes que tengas a nadie con quien de verdad te apetezca compartir esas experiencias.

Vale… ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, ser realistas… Aprender un idioma, y además, a la edad que tenemos algunos, es un proceso que lleva su tiempo, y ni al principio sabíamos tanto, ni ahora sabemos tan poco… Por tanto… ¡A seguir dándole!

Empezar a trabajar fuera, o montar tu propio negocio, también es un proceso que lleva tiempo, los primeros años ya sabemos que no vamos a tener beneficios, pero lo importante es lo que estamos sembrando y lo mucho que estamos aprendiendo por el camino, para empezar, sobre nosotros mismos. Por tanto, sigamos por aquí, sigamos poniendo en valor estrategias, comprobando sus resultados, y probando estrategias nuevas; por el camino conoceremos mucha gente y de verdad, no podemos imaginar dónde ni en qué momento “sonará la flauta”, pero lo más importante es que si no perdemos el enfoque, al final suena, créeme…

Con respecto a nuestras raíces afectivas, también aquí echaremos raíces, y cada vez nos sentiremos más integrados con nuestros nuevos vecinos; pasará el tiempo que necesitan las buenas amistades para “cocinarse” y cuando nos queramos dar cuenta, nos encontraremos diciendo, si no hubiese venido, no te habría conocido, me habría perdido esto, lo otro… ¡Y quién me iba a decir a mí que yo iba a aprender este idioma!

Si necesitas apoyo para no perder el buen enfoque… escríbeme a lolahernandez.coaching@gmail.com

 


Coaching para la Integración de Expatriados

 

Un proceso de expansión, un nuevo proyecto, una promoción, o un nuevo cliente, son algunas de las razones que pueden hacer que de repente nos veamos haciendo las maletas para establecernos, por un tiempo indeterminado, en otro país. Las actuales perspectivas económicas, están haciendo que cada vez más las empresas y los profesionales miren hacia el exterior, en su búsqueda de oportunidades comerciales y laborales.

Buscar una casa en la que vivir, un colegio para los niños, aprender a movernos por una ciudad desconocida, en ocasiones incluso aprender un nuevo idioma “a nuestra edad” o  recuperar el inglés, son solo algunos de los desafíos con los que nos vamos a encontrar al llegar allí.

No nos olvidemos de la familia, nuestra pareja, nuestros hijos, incluso nuestra mascota: ellos también van a vivir su proceso de integración en una nueva vida que en la mayoría de los casos, no buscaban. Al igual que nosotros, van a necesitar salir de su zona de confort para adentrarse en terrenos desconocidos hasta ese momento y estos procesos de adaptación pueden generar conflictos que necesitaremos estar preparados para abordar.

De igual modo, surge la necesidad de atender nuestra vida social y emocional, conocer gente, hacer nuevos amigos – al principio que, a ser posible, hablen nuestro idioma –, aprender otras formas de divertirnos y buscar la manera de mantener el contacto con los que dejamos en nuestro país.

Si nos vamos al terreno profesional, la tentación de sentirnos abrumados es muy grande, pero si elegimos afrontarlo como una nueva oportunidad para desplegar nuestro potencial, recuperar talentos olvidados y desarrollar otros nuevos, tendremos ante nosotros un bonito panorama de crecimiento personal y profesional.

Si además, en este proceso, contamos con el apoyo de un Coach, seremos más eficaces, las acciones emprendidas tendrán un mayor impacto y nuestros logros echarán raíces más profundas.

Es importante que el Coaching lo podamos hacer en nuestro propio idioma; en el trabajo, en un restaurante o en el supermercado, podremos defendernos en otro idioma, pero para hablar de inquietudes, motivaciones, retos y emociones, necesitaremos hacerlo en nuestra lengua.

El Coach, a través de un proceso individual y confidencial con el Coachee (protagonista del  proceso de Coaching), acompañará a este para apoyarle durante las distintas fases de su experiencia: toma de conciencia e identificación de la meta a conseguir, análisis e identificación de los recursos a potenciar, creencias limitantes a desafiar, plan de acción y seguimiento.

Cuando hacemos Coaching para apoyar procesos de integración de expatriados, trabajamos con la persona hasta llegar a su definición de META: en ocasiones, la integración efectiva se percibirá cuando se resuelva una dificultad en la adaptación de los hijos, o de la pareja.

En otras ocasiones, la integración estará relacionada con el idioma, con la necesidad de adaptarse a las diferencias culturales o con cuestiones relacionadas con el desarraigo.

En un ámbito más profesional, una persona puede sentirse integrada, una vez que se adapte a la cultura de la empresa en ese país, a su nuevo puesto de trabajo, a los nuevos compañeros o a sus nuevas responsabilidades, por citar algunos ejemplos posibles.

En cualquier caso, es clave trabajar con el Coachee para definir qué es exactamente lo que él necesita para sentirse integrado, es necesario que él se implique en primera persona, en esta fase tan determinante para el éxito del proceso, en esta fase en la que se apunta la dirección a seguir, donde va a centrar el esfuerzo de enlazar acciones que le lleven a conseguir su objetivo.

Trabajando de esta forma con el Coachee, conseguiremos que realmente se comprometa con su META, y los Coaches sabemos que esto es un requisito imprescindible para que alcance su logro. Es difícil que un Coachee se comprometa con un objetivo que no sienta como propio, y que por tanto no suponga para él el reto necesario para pasar por las inevitables incomodidades de todo proceso de cambio.

La visión de la propia integración, varía para cada persona; hay tantos procesos de integración diferentes como personas enfrentándose a ellos. Incluso cuando se definan METAS similares, el proceso será distinto: hay infinidad de matices que vendrán determinados por la propia individualidad.

La integración profesional y personal en un país extranjero, es un proceso de cambio que como todo proceso de estas características, va a pasar por una fase de toma de conciencia, seguida de otra de inestabilidad, que finalmente dará paso una situación de nueva estabilidad mejor que la inicial.

Desde la óptica de la rentabilidad, las organizaciones empresariales necesitan que estos procesos de integración sean rápidos, que la fase de inestabilidad que mencionábamos en el párrafo anterior, dure lo menos posible para que se consigan los objetivos perseguidos con el traslado en el menor tiempo posible.

Tal y como comenta María José Alaminos en un artículo publicado en AECOP, varias multinacionales están incluyendo sesiones de coaching en los paquetes de beneficios por traslado de sus empleados expatriados; saben que la buena gestión de este tipo de variables es determinante en el éxito de sus proyectos en el extranjero.