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La vida es un regalo

Ayer fue un día triste. Muchos de nosotros volamos con frecuencia y nos tocó muy de cerca el accidente que sufrió el vuelo Barcelona Düsseldorf. Cuando pasan estas cosas, parece que por un momento la vida se detiene, pareciera como si no fuera a continuar.

Al común de los mortales nos cuesta entender que esta vida que estamos viviendo tiene fecha de caducidad, nuestro cuerpo la tiene. Vivimos apegados unos a otros y apegados a la propia vida, como si ese simple hecho nos sirviese para retenerla.

Algunos afortunados, hemos experimentado la perspectiva que nos aporta el desarrollo espiritual. Yo personalmente, durante mucho tiempo tuve esa faceta algo “dormida”, me sentía desconectada de esa parte y sin embargo, con el tiempo, durante los últimos años he tenido la posibilidad de entrar más en contacto con ella, en buena parte, a través de la meditación y el desarrollo personal. Ahora mis sensaciones son diferentes: ahora siento que mi cuerpo envejece, pero yo no, mi SER es siempre el mismo y cuando me conecto con él, todo a mi alrededor se calma. El no siente apego, él tiene ya una larga historia, y esta es sólo una más de las experiencias vitales que necesita experimentar para evolucionar. Desde esta perspectiva, la vida es una oportunidad, una oportunidad para aprender y evolucionar a un nivel de desarrollo cada vez mayor.

Por eso, cada vez que hay una pérdida a mi alrededor, siento que esa persona ya ha aprendido lo que tenía que aprender aquí, y que ahora le esperan nuevas lecciones para seguir su camino de evolución. Me tomo mi tiempo para pasar mi duelo, al mismo tiempo que me despido y trabajo en soltar ese apego, para que mi ser querido se sienta liberado.

Y siempre pienso, “que nos quiten lo bailado”, el recuerdo de ese cariño pasado, es lo más bonito y lo más importante, la alegría de lo compartido. Otra cosa que suele venir a mi mente es que la vida es un regalo, que cada día lo es, y que esa fecha de caducidad, nos recuerda que tenemos una misión que cumplir, y que cada día que nos sea regalado, merece ser disfrutado y acercado un poquito más a esa misión, a ese aprendizaje a ese desafío que nos va a permitir evolucionar al siguiente nivel.

Mis mejores deseos para esa nueva etapa que comienza para todos aquellos que ayer nos dejaron, con mucho cariño para todos sus seres queridos.


Un deseo para el nuevo año

Una de las herramientas que utilizamos en coaching es la visualización. Cuando proyectamos en una pantalla imaginaria un sueño (de esos que tenemos cuando estamos despiertos, que son los mejores… ;D) o la forma que tendría algún logro que queremos alcanzar, es muy tentador pintarlo de color de rosa, de situaciones idílicas y acompañarlo de música celestial – como la que estoy escuchando yo ahora mismo por cierto, os la recomiendo; tan es así que aquí os dejo el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=eYOIfpXT0Sw

Y sin embargo, este tipo de visualizaciones idealistas tienen un fallo: son tan perfectas que están alejadas de la realidad. No son creíbles. La vida no es así, la vida tiene sus luces, sus sombras y sus momentos para todo. Por eso hoy quiero compartir, que en mis visualizaciones, cada vez hay más autenticidad, cada vez están más cerca de la realidad que conozco, y simplemente hay un pequeño matiz que lo cambia todo: ACEPTACIÓN… Sí, los que me leáis con frecuencia diréis, con razón, que últimamente estoy escribiendo mucho sobre el mismo tema, que me repito… Y sí, acepto la crítica, y es que la vida, esa, la real, también es cíclica, y nos da una y otra vez la oportunidad de aprender las lecciones que todavía tenemos pendientes.

Por eso en mis visualizaciones, hay cada vez menos perfeccionismo y más aceptación de las cosas que sucedan aunque un@ no pueda influir en ellas, más aceptación de las emociones que acompañen a cada experiencia, de las limitaciones y de la propia vulnerabilidad. Acompañándola de la capacidad para vivir el presente, de conservar siempre la esperanza, de vivirlo todo como una oportunidad de aprendizaje, y de hacer lo que podamos con lo que tengamos, me parece una bonita imagen para compartir con vosotr@s, querid@s y amables lectores tod@s, desde el agradecimiento de haber pasado un año más juntos.

¡Feliz Navidad!


Aceptación

 

Hola,

Estaba yo pensando… ¿y sobre qué podría escribir hoy? ¿Qué podría yo compartir con mis amables lectores? Y como prácticamente siempre que me pongo a escribir, he optado por hacerlo sobre algo que tengo en este momento en la cabeza, sobre lo que estoy reflexionando con motivo de alguna o más de una experiencia vivida.

En esta ocasión quiero hablar de una interesante palabra: la aceptación. Es una palabra con la que personalmente durante muchos años, me llevé bastante mal; hace ya algún tiempo solía ser bastante “revolucionaria”, extremadamente proactiva – por eso me dedico a lo que me dedico… ;D -, y cada vez que alguien me planteaba “Lola, no se puede hacer nada, esto es así y ya está…” yo contestaba cargada de ironía y un poquito de mala leche: “claro, a resinarse como los pinos… ¿no?” obteniendo una mirada cargada de impotencia por la otra parte.

Si llevas tiempo leyendo lo que escribimos los que nos dedicamos a esto del coaching, observarás que siempre estamos tratando de darte “pequeñas patadas en la espinilla” para empujarte a la acción, para que no te resignes… para que no aceptes un “sí porque sí” o una vida decidida por otros, y sin embargo, hoy, en cierto modo, te voy a decir todo lo contrario.

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Por supuesto que sí, que hay que luchar por lo que uno quiere, levantarse una y mil veces para ir en pos de los sueños que cada uno albergue, y también, de vez en cuando (solo de vez en cuando…) hay que pararse a analizar una situación, unas habilidades, unos recursos… y con honestidad plantearse abiertamente: ¿estoy luchando por un imposible? ¿Esto es algo que realmente depende de mí? ¿Es algo sobre lo que tengo alguna posibilidad de influir? O esto escapa completamente de mi ámbito de actuación, de “Respon – s – habilidad” (habilidad para responder)  y lo único que puedo hacer es aceptarlo. Si te encuentras delante de una de estas situaciones, te vas a dar cuenta por  la paz que vas a sentir cuando dejes de luchar contra un muro y por la cantidad de energía que va a quedar disponible para ahora sí, pasar a la acción, con aquellos logros que sí dependen de ti, que sí que sí… recaen en tu ámbito de responsabilidad.

Así que hoy te invito a que dediques algún día de este precioso noviembre, de esta estación que tanto invita a la renovación, a pensar ¿hay algo que no estoy queriendo aceptar? ¿Cómo cambiaría mi vida si dejara de desgastarme con este tema?