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Elegir un coach

 

Si te estás planteando hacer un proceso de coaching, hoy voy a compartir unas pautas que te pueden ayudar a elegir un coach que responda a tus necesidades con profesionalidad.

El coaching es una profesión, que como ha pasado anteriormente con otras, aún no cuenta con una formación y un colegio profesional homologados – ni en España, ni en Alemania, ni en muchos otros países. Hay que tener por tanto cuidado, pues desgraciadamente en esta profesión también hay picaresca y hay personas que habiendo hecho un curso de fin de semana, ya se autodenominan coaches. Estas personas ofrecen sus supuestos servicios de coaching, manchando en muchos casos la reputación de los buenos profesionales con los que cuenta esta relativamente nueva actividad y generando una lógica desconfianza en los posibles usuarios.Presentación1Aquí comparto por tanto algunas pautas a seguir para asegurarnos de estar en buenas manos cuando decidimos dar ese paso:

– Si bien no es necesario que el Coach haya estudiado Psicología ni ninguna otra carrera específica, sí es conveniente que disponga de estudios universitarios previos a su formación como coach. Tengo buenos compañeros de coaching que provienen de campos muy variados como la abogacía o la geología y aportan una visión muy interesante a sus clientes.

– Además, suele ser muy recomendable que el Coach disponga de una amplia experiencia vital y profesional. En la parte más personal, cuando una persona ha pasado por situaciones vamos a decir complicadas, es más fácil que entienda cómo se siente su cliente, que se pueda poner en su lugar (empatía) y desde esa comprensión pueda ofrecer un apoyo especializado. Igualmente, si la especialidad que ofrece el coach (los coaches profesionales cada vez se especializan más para ofrecer un mejor servicio a sus clientes) está relacionada con el ámbito laboral y empresarial, será muy enriquecedor y conveniente para el proceso de coaching, que el propio coach cuente con esa experiencia en puestos de responsabilidad.

– Conviene que el Coach se haya formado como tal con el respaldo de una universidad, y que el programa formativo recibido estuviera certificado por alguna Asociación de Coaching; en España encontramos ASESCO y AECOP, a nivel internacional ICF y EMCC. Estos programas formativos tienen una duración variable en función de si son más o menos intensivos, en cualquier caso, como mínimo duran aprox. 4 meses.

– Las mayores garantías las encontramos en coaches que además están certificados por alguna de las citadas asociaciones, si bien también podemos encontrar buenos profesionales que no hayan pasado por el costoso y laborioso proceso de certificación (hay que documentar las sesiones de coaching, los procesos, presentar cartas de recomendación de los clientes, etc.). En los portales de las asociaciones mencionadas, podemos  encontrar listados con los profesionales certificados, que siguen siendo socios de estas entidades.

– Pedir referencias al Coach, no temer preguntarle por su formación, años de experiencia, si escribe algún blog para conocer mejor cómo trabaja antes de contratarle, si tiene un perfil dado de alta en Linkedin o Xing, en el que podamos encontrar información y referencias.

– Si a pesar de ser el coach mejor formado y certificado del mundo, no estamos a gusto en las dos primeras sesiones, no nos sentimos escuchados y apoyados o hay algún aspecto que nos genere desconfianza, es mejor buscar otro coach.

– En principio es mejor elegir coaches con los que podamos tener las sesiones de forma presencial (sobre todo las primeras), si bien en algunas circunstancias podemos trabajar por Skype o teléfono. La clave aquí es siempre que el cliente se sienta a gusto.

– Aunque puede haber excepciones, en principio es mejor no hacer coaching con Coaches amigos; un coach amigo nos conoce y podría partir de ideas preconcebidas con respecto a nosotros, que no nos ayuden a progresar en el proceso.

Si tienes cualquier otra pregunta ¡dime! Puedes compartirla en el blog para uso y disfrute de otros lectores, o contactar conmigo en lolahernandez.coaching@gmail.com


Guten Morgen! Und/y ¡Buenas Noches!

Sí… ahora lo explico… Este post está especialmente dirigido a aquellos que estamos aprendiendo el idioma local y convivimos con nativos de nuestro país de acogida.

Los españolitos e hispanohablantes medios somos muy dados a juntarnos con otros hispanohablantes (nativos o no) que hablen español, para, por una parte, poder comunicarnos cómodamente en nuestro propio idioma, y por otra, no exponernos a hablar mal el idioma local, pues tendemos a sentirnos avergonzados.

Ya hemos comentado muchas veces… que para llegar a hablar bien un idioma (y ya sabemos que esta es una necesidad indiscutible cuando vivimos fuera y aspiramos a tener un trabajo acorde con nuestras capacitaciones) tenemos que aceptar hablarlo mal durante un tiempo, más o menos largo, en función precisamente de lo mucho o poco que lo practiquemos con los nativos.

Pues bien, en ocasiones, todavía no tenemos trabajo, o trabajamos mucho en español, y el entorno profesional no facilita que aprendamos el idioma; sin embargo, algunos convivimos con nativos, para los cuales, ciertamente es un esfuerzo tratar de entenderse con nosotros en el idioma local, y muchas veces optan por la comodidad de dirigirse a nosotros en español. Claramente esta es una dinámica que no nos ayuda nada a adquirir el nuevo idioma.

Ante esta situación… ¡Un poco de imaginación hombre! Hoy te propongo dos ideas:

–          Un colega alemán, Frank Bannys, que como buen alemán habla magníficamente varios idiomas… incluido el español…  me sugirió la buena idea de destinar un día de la semana a hablar solo en alemán. Desde entonces, el domingo ha quedado instaurado como “día alemán” y hablamos todo el día en este idioma.

–          Por otra parte, para generalizar más el uso del idioma local, ahora “hemos” decidido que las mañana son en alemán (una está más despejada… ; ))) y las tardes/noches (cuando estamos más cansados) en español…

¿Al principio fue difícil? Sí… ¿Hemos tenido que discutir? Sí… ¿Ha merecido la pena el esfuerzo y las discusiones? Sí…

Así que los que conviváis con nativos (que mira que me lleva sonando rara la palabra durante todo el post… no dejo de visualizar “indios”), aquí tenéis un par de herramientas que podéis utilizar, si queréis… ¡Gracias y a seguir practicando!

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¿El Coaching funciona siempre?

No… con mucha honestidad, debo decir que no siempre funciona. Claro que ponerse en manos de un buen profesional, en principio, es un apoyo importante cuando queremos hacer un cambio en nuestra vida personal o profesional, pero el factor más importante en un proceso de Coaching, es el compromiso de su protagonista con el logro de su M.E.T.A., su implicación, su papel activo, y sin estos, por bueno que sea el Coach que contratemos, el proceso de Coaching se quedará “en espera”.

Para aprovechar al máximo un proceso de Coaching, se requiere haber llegado a un nivel de desarrollo personal, en definitiva de maduración, lo suficientemente avanzado como para asumir la responsabilidad sobre nuestra vida, en su totalidad; en ocasiones, la persona no ha llegado todavía a ese nivel, para las dificultades a las que se enfrenta, sigue buscando “culpables” fuera, sigue tratando de cargar con su responsabilidad a otro, sigue esperando que las soluciones vengan de fuera, sin tomar un papel activo y proactivo en su vida.

Cuando la persona está en este nivel, con frecuencia cuando habla, se queja, se queja de todo y de todos, tiene el foco puesto en lo que los demás “deberían hacer”, en lo que otros “tendrían que cambiar”, no en lo que ella quiere hacer: “es que mi padre…”, “la culpa la tiene mi jefe…”, “si mi novio fuera más…”, “si yo hubiera tenido una madre menos…”, “si mis amigos fuesen…”, “es que hace mucho calor…”. Un buen Coach le puede acompañar en el camino de tomar conciencia sobre esta forma de encarar las situaciones que le propone la vida y en descubrir su propósito, algo de lo que ya hablábamos en un post anterior, el “para qué hacemos las cosas”, nuestra “misión”, pues en esta fase, la persona suele estar bastante perdida.

Lo que es indudable, es que en algún momento del proceso, la persona debe asumir la responsabilidad de la que hablaba antes con respecto a su vida, con respecto al logro de la M.E.T.A. que se ha propuesto, y si esto no ocurre, hay que suspender el proceso y dejarlo en espera de que la persona dé ese paso.

No te censures, todos en algún momento hemos pasado por esa fase “victimista”, en la Escuela de Inteligencia nos enseñaron que “caerse está permitido, pero levantarse es una obligación”; lo importante no es lo que has hecho en el pasado, sino lo que quieres hacer en el futuro, que te des cuenta de que mientras estás atribuyendo tu responsabilidad a otros, mientras esperas que ellos dejen de hacer eso que tanto te molesta, estás tirando una enorme cantidad de energía, la que necesitas para centrarte en ti, en lo que tú quieres hacer con respecto a ese tema, en lo que es importante para ti y en las decisiones que debes tú tomar con respecto a tu vida.

Hoy me despido con un deseo de las galaxias… ¡Que la fuerza y la Responsabilidad te acompañen…! ; >

¿Quieres hablar de este tema? ¿Empiezas a ver una nueva luz pero no sabes por dónde seguir? Escríbeme un mail o llámame y te cuento.


¿Te ves haciéndolo?

Vengo de otra estupenda reunión con el Grupo Maeylas, en la que hoy hemos asistido a la interesante demostración sobre Canalización Psicocorporal de las Emociones, de la mano de Gabriela Cornejo. Vengo encantada, relajada y con mis emociones canalizadas al máximo, así que estoy en condiciones de ¡darlo todo! un miércoles más.

Hoy voy a hablaros de una herramienta que utilizamos las personas que trabajos en esto tan bonito del desarrollo humano: la VISUALIZACIÓN.

Visualizar, como su propio nombre indica, supone generar una imagen mental en la que imaginamos un escenario, nos situamos en él junto con todos los aspectos que sean relevantes para la situación en la que estemos trabajando, y recreamos una escena que esté alineada con nuestra M.E.T.A.

Si por ejemplo, tu M.E.T.A. es mejorar tu relación de pareja, una VISUALIZACIÓN que te puede ayudar es imaginarte (o acaso, simplemente evocar) una cena relajada, divertida y agradable con tu pareja, en un restaurante especial para vosotros, en el que te escuches hablando tranquilamente, te veas prestando atención a tu pareja y percibas sintonía entre ambos.

Cuando VISUALIZAMOS estamos informando a nuestra mente de que esa situación ¡¡es posible!! Síii, si nuestra mente la ve, se la cree, y después, le resulta mucho más fácil… (una vez llegado el momento en el que, según el ejemplo, tenemos a nuestra pareja delante) … contemplar como una posibilidad real, tener una conversación agradable, relajada y divertida.

A mi personalmente, al principio, me costaba mucho VISUALIZAR. Yo seguía las primeras indicaciones que Ana me daba por aquel entonces, y después de relajarme un poco y hacer unas respiraciones, trataba de VISUALIZAR-ME haciendo aquello en lo que quería trabajar, pero me costaba mucho. Con el tiempo, aprendí que lo que mejor funcionaba para mi, era hacer una cosa que yo hacía mucho de pequeña, me encantaba soñar despierta, inventarme historias y fantasear con ellas. Ahora sigo haciendo lo mismo, cuando me viene la inspiración, me monto una historia relacionada con aquello que yo me quiera ver haciendo y me imagino disfrutándo del momento. Te puedo decir, que cuando llega la situación real, lo primero que me viene a la cabeza es mi cara en el espejo fantaseando….

Te invito a probar qué fórmula funciona para tí y cuando la encuentres, úsala, ya verás lo que sucede…

Gracias por leerme una semana más y Schön Abend (como dicen por aquí, que viene a ser algo así como que pases una buena tarde/noche). Tchüss


¿Tienes miedo a hablar en Público?

Yo también… no te preocupes, somos muchos. Por diferentes proyectos en los que estoy trabajando últimamente, he tenido ocasión de profundizar en el tema y comprobar que la mayoría de la gente teme en mayor o menor medida hablar en público, de hecho, no conozco a nadie que no haya experimentado esta sensación. Sí conozco a personas que la han superado, gracias a tres cosas: práctica, práctica y práctica.

Al hablar de este tema, una vez más, tengo que mencionar a Ana Sposito, mi Coach, con la que tuve ocasión de trabajarlo y que me dio enfoques muy interesantes.

Uno de los factores que influyen en ese temor, tiene que ver con lo que os comentaba la semana pasada sobre el “Personaje Exigidor”, que ¡cómo no…! Viene con nosotros el día que tenemos que hablar de lo que sea ante un grupo de personas… Es tan irracional y tan poco realista, que a nosotros, que no tenemos especial experiencia en este tipo de situaciones, nos exige el mejor de los desempeños posibles… vamos, que si no hablamos con la naturalidad y la espontaneidad de Jose Luis Sampedro dirigiéndose a los “Quincemayistas”, ya considera que hemos fracasado.

Otro error que solemos cometer en este tipo de situaciones, tiene que ver con nuestra inteligencia emocional (muy necesitada de nuestra atención, por cierto…), y es que como hemos aprendido que experimentar emociones es malo, y reconocerlo, peor… gastamos muchïiiiiiiiiiiiiiisima energía en tratar de que no se nos note, y mientras centramos el foco en nuestras manifestaciones físicas (sudores, palpitaciones, temblores varios…) perdemos el hilo de lo que estamos contando, y lo que es más importante, perdemos el norte… sí, perdemos el sentido de lo que estamos haciendo, porque ¿Para qué estamos ahí? ¿Para qué lo estamos pasando tan mal? ¿Cuál es el sentido de lo que estamos haciendo? ¿Cuál es nuestra inimitable contribución?
Sí, por muy mal que lo hagamos, por poco fluida que sea nuestra intervención, es nuestra aportación, y si no la hacemos nosotros, nadie más la va a hacer, y oye… a lo mejor alguna persona del auditorio está necesitando que digamos precisamente eso que vamos a decir. ¿No te ha pasado? Estás debatiendote internamente… “lo digo o no lo digo” y al final, lo dices y alguien dice, “justamente estaba pensando en lo mismo…” y oye, ¡qué alegría!

¿Por qué te exiges tanto? ¿Cuántas tonterías escuchas al día? ¿Por qué no te permites tú también decir alguna tontería de vez en cuando?

Para no enrollarme, termino con un muy buen consejo que me dió Ana: “Cuando hables en público quierete mucho… quiere mucho a las personas que te están escuchando y disfruta del tema que estás hablando”. Y si te sale a lo Forrest Gump, pues no pasa nada, la próxima vez saldrá mejor… ya sabes, práctica, práctica y práctica…

Práctica y mucha mucha preparación… Si necesitas ayuda para preparar tus intervenciones en público… contacta conmigo.


Personajes Interiores

Releyendo la semana pasada a Norberto Levy, que de verdad, no me paga comisión… pero ofrece claves muy prácticas en materia de Inteligencia Emocional, hablaba de una especie de personajes interiores que me hicieron reflexionar.

Escribiendo sobro las “bondades de ser exigente”, decía que dentro de una persona exigente hay un personaje EXIGIDOR y otro personaje EXIGIDO. Sin contarlo literalmente, os voy a hablar un poco de este tema.
El Personaje Exigidor, ha aprendido a exigir y es lo único que sabe hacer, sin tener en cuenta nada. Es un pequeño Dictador Interior que nos recrimina constantemente y con muy malos modos, es un tirano, está 24 horas recordándonos lo que TENEMOS QUE hacer, presuponiendo que el Personaje Exigido es un vago, que opera con la ley del mínimo esfuerzo, y que no hace nada si no es a palos. Muy alejado de la realidad, nos exige constantemente soluciones, sin tener en cuenta otros factores externos o internos del propio Personaje Exigido, que en ocasiones se cansa, enferma, o tiene otras opiniones con respecto a las exigencias que recibe.

El Personaje Exigido está frustrado, cansado, se siente ignorado, no se tiene en cuenta su opinión, no se valora su esfuerzo, lo único que recibe son exigencias y “caña, mucha caña”.

Estos dos personajes están dentro de la persona exigente, el exigente ha aprendido a exigir y a exigirSE y no atiende a su personaje exigido… aunque no pueda más. Es fácil ver que esta situación, llevada a un extremo no puede sostenerse por mucho tiempo. El Personaje Exigido deja de disfrutar de las cosas que hace, para él todo es una obligación, y la alternativa es la inactividad, no contempla la posibilidad de disfrutar haciendo las cosas, para eso necesitaría aprender a fluir, eso es lo que nos permite conseguir los mejores resultados.

Afortunadamente, tenemos otro personaje, Levy le llama ASISTENTE INTERIOR. El asistente interior es “el equilibrado de la familia”, es el que escucha las razones del Personaje Exigente y pregunta cómo se siente al Personaje Exigido, es el que consigue que entre ambos personajes se genere un diálogo entre iguales, en el que se llegue a acuerdos entre lo que se quiere o se necesita hacer y la energía disponible para hacerlo, la elección del momento más adecuado. El asistente interior escucha al Personaje Exigido y este se siente comprendido y tenido en cuenta, y las consecuencias que tiene esto son muy diferentes a las que comentábamos antes… Cuando el Exigido se siente bien, es más productivo y genera resultados excelentes.

Te dejo pensando… ¿Eres muy exigente? ¿Crees que eso es positivo? ¿Escuchas a tu Personaje Exigido? Si quieres que te eche una mano con tus personajes interiores, contacta conmigo.


El Poder de la Sonrisa

En ocasiones,  la vida “nos sonríe” y nos resulta muy sencillo devolverle la sonrisa… nos sale automáticamente, sin esfuerzo, a veces incluso nos cuesta no sonreír… ¡estamos tan contentos! ¿Verdad?… Que se nos transparenta la alegría por todos los poros.

Hoy me quiero centrar en el proceso inverso, en los momentos en los que lo que se nos “lee” es otra cosa. Mi sabio hermano Nano, que dicho sea de paso siempre ha sido una referencia humana para mí, decía ya hace mucho tiempo en una de nuestras largas y “recargantes” charlas, que hay que sonreír en los malos momentos; aunque al principio, lo que te sale es una especie de mueca, y te queda ciertamente un poco extraña, poco a poco, esa sensación va calando dentro de ti y algo empieza a transformarse.

No estoy queriendo decir con esto que haya que negar las emociones, no, no… eso es otra cosa nada recomendable, por cierto; lo que digo es que pruebes a sonreír cuando te sientas por ejemplo triste, que sonrías desde dentro, que imagines a todas tus células sonriendo con dulzura, con consuelo y dejes que esa sonrisa salga al exterior. (Ya solo el hecho de imaginar unas células con sonrisa… ¡no me digas que no tiene gracia!) Y a continuación… párate… ¿Qué ha pasado dentro de ti? ¿Y fuera? La tristeza te va a seguir acompañando el tiempo que necesites, pero tú no te vas a aferrar a ella y tu disposición va a ser muy diferente.

Por formación y deformación profesional, desconfío de entrada de los prejuicios, al fin y al cabo son sobregeneralizaciones que dejan por el camino mucha información relevante; las necesitamos para simplificar el procesamiento de la enorme cantidad de información a la que estamos expuestos, pero necesitamos ser conscientes también de su “pobre apreciación”.

Bien, cuento esto porque siempre nos han contado que los alemanes son “muy secos y muy rígidos en su comportamiento”, y sin embargo, raro es el día en que no me devuelven la sonrisa por la calle, en el metro o en los establecimientos, especialmente las mujeres, y con frecuencia acompañan esa sonrisa de un saludo y a veces, incluso, de un comentario.

Con el “Lenguage No Verbal” (que por el momento gana por goleada a mis conocimientos del verbal alemán… ¡Lo orgulloso que estaría Paco Yuste! Mi Tutor…) las mujeres alemanas “en general”… transmiten una empatía femenina que está muy lejos de esa supuesta falta de flexibilidad alemana.

Te invito por tanto a sonreír más, especialmente cuando no te apetezca… ¿Crees que no es posible? Llámame y ya verás cómo nos reímos…


Pareja… ¿Preparad@ para la independencia?

¿Estás preparad@ para estar sol@? Si la respuesta es afirmativa, tengo buenas noticias para ti: estás preparado para tener pareja.

Con frecuencia, a la tensión propia de una discusión de pareja, se le une la que nos produce el miedo a la ruptura, sentimos que nos enfrentamos al abismo de… ¿y si después de esta discusión se acaba nuestra relación…? ¿Entonces… qué?

Es una buena pregunta… merece la pena que nos dediquemos un rato a contestarla… es importante.

Entonces….

… no tendría suficiente dinero para vivir

… se resentiría mi vida social

… me sobraría mucho tiempo

… vería menos a mis hijos

… mi vida sexual sería una lástima

… (completa por favor con las cosas que a ti te preocupen).

A continuación te sugiero: ponte ya a trabajar en ello:

¿Qué puedes hacer para cada uno de los “…”?

¿Qué recursos tienes?

¿Qué podrías hacer si “…”?

¿Hay cosas que puedes hacer ya?

¿A qué estás esperando?

Las discusiones de pareja son inevitables y yo diría incluso que más que necesarias. De lo que sí puedes prescindir si te pones manos a la obra es del pánico que en ocasiones nos puede llegar a producir la sola idea de vivir una ruptura.

El mero hecho de poner en palabras el temido “fantasma”, nos ayudará a desmitificar qué es eso “tan terrible” a lo que nos estaríamos enfrentando en el supuesto de llegar al final de la relación, y nos daría la posibilidad de preguntarnos… ¿Realmente sería tan terrible? ¿Qué oportunidades se esconderían detrás de esa situación?

Todos los días elegimos, sí…, todos los días elegimos mantener la relación que tenemos, y cuando uno se propone vivir la vida en primera persona, le gusta decidir libremente y no dejar que sea el miedo el que elija por uno.

Si te pones a trabajar en el tema, sentirás que puedes manejar la situación, confiarás en ti y en tus recursos (no suena mal… ¿verdad?) y podrás discutir con tranquilidad, dedicar toda tu atención y energía a resolver un problema de pareja no contaminado por el miedo… ¿recuerdas lo que decía Norberto Levy sobre él?

¿El tuyo es un caso complejo? ¿No sabrías por dónde empezar con el análisis y no digamos con el plan de acción? Llámame y te explico cómo lo podríamos hacer.


Gestión del Tiempo

Me pide Raquel, otra española de Múnich que escriba más sobre el tema de la Gestión del Tiempo, así que allá voy.

No siempre nos gusta, el español es muy amante de la improvisación, y está muy bien desarrollar esa capacidad, pero si queremos adueñarnos de nuestro tiempo, conviene que empecemos a planificarlo. Para ello voy a seguir en parte algunos de los buenos consejos de Ana Sposito, mi Coach:

  1. Nos ayudará mucho tener dos cosas: una lista de tareas (solo una) y una agenda (solo una). ¿En qué soporte? En el que os resulte más cómodo: yo utilizo un Excel para la lista y una agenda de papel.
  2. En la lista de tareas iremos anotando todo lo que queremos hacer “vaciando de esta forma nuestra memoria” y evitando así cargar con el “que no se me olvide”… o “total, lo hago ya (corriendo) y así no se me olvida…” ¿te suena? A mí sí… Esta es una perversión que suele tener principio y no fin… y es la responsable de que una vaya a la cocina a preparar la comida y acabe en el baño no recordando para qué ni de dónde venía… ¿? (otro día os cuento más de la perversión del “ya que”).
  3. Como el Excel no me acompaña a la cocina, ducha o metro… utilizo una libreta como soporte temporal que mínimo una vez a la semana vuelco en el Excel.
  4. Semanalmente coge la lista de tareas y establece prioridades: ELIJE qué vas a hacer la semana siguiente y cuándo lo vas a hacer. Yo lo hago los viernes: al principio me llevaba más tiempo, pero ahora en 10 ó 15 minutos lo tengo listo y es una maravillosa herramienta para la “toma de decisiones”.
  5. Sé realista en la planificación semanal… Ten en cuenta todas las áreas de tu vida y planifica tiempo para descansar y divertirte… si tiendes a exigirte mucho: subagenda.
  6. ¡Deja de correr! Sí… cuando surgen imprevistos, elimina tareas previstas y vuelve a dejarlas en tareas pendientes para volver a agendarlas en la planificación semanal.
  7. Aprende a decir que “NO” y “SÍ, PERO”: ante demandas externas, mira tu agenda… y toma conciencia de que no tienes que responder siempre en el momento, practica expresiones como: “me encantaría pero no puedo”, “déjame que lo mire y te digo algo”, “hoy no puedo, pero si quieres lo hacemos la semana que viene”, “vale, pero mejor en mi casa…”

Es un tema que da para mucho pero no quiero faltar al compromiso de no alargarme.

¿Parece complicado? Lo es… llevamos mucho tiempo apagando fuegos y quedando bien con todo el mundo… La buena noticia es que primero tenemos una responsabilidad para con nuestra persona y que con un poco de perseverancia, si de verdad queremos, ¡es posible! Si yo he podido hacerlo… créeme que tú también, y merece la pena…

¡Cuéntame qué tal te va! ¿El tuyo es un caso complicado? ¡Dime!  Seguro que te puedo ofrecer algún enfoque.


¿Quién manda en Mí?

¿Te has preguntado alguna vez quién tiene el poder sobre tu estado de ánimo?

La primera respuesta que nos viene a la mente, es… “hombre, pues yo, claro…”. ¿Sí? ¿Seguro?

Si lo pensamos un poco mejor, es fácil tomar conciencia de que, con frencuencia, damos mucho poder a los demás sobre nuestro estado de ánimo y lo peor es que ese poder lo perdemos nosotros; en el momento en el que decido cogerme el disgusto del siglo por el último “comentario chorra” que me ha hecho fulanit@, le estoy dando poder para que influya ¡y en qué medida! en mi estado de ánimo.

¿Es eso lo que quiero? Yo no… mi estado de ánimo, lo decido y lo elijo yo. Claro que me enfado, claro que siento emociones que me desagradan, pero yo elijo lo qué hago con esas emociones, yo tengo el poder, no se lo doy a otro.

Si quieres saber más acerca de cómo el Coaching te puede apoyar a conservar tu poder… contacta conmigo.

¡Feliz Semana!