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¡¿Hasta cuándo?!

 

“Cómo me duele la espalda, otra vez”. “Como casi cada día, he tenido una mala jornada laboral”. “Una vez más, he discutido con…”.

Hoy te invito a hacer un poco de introspección: observa durante unos días tus pensamientos ¿hay alguno que se repita con frecuencia? ¿Qué emociones acompañan a esos pensamientos? ¿Desde cuándo te acompañan? A veces hay ideas y reflexiones que ocupan mucho espacio en nuestro cerebro, que están ahí desde hace mucho tiempo, reclamando nuestra atención, consumiendo nuestra energía, generando emociones que también reclaman nuestra atención… ¿tiene esto sentido? Ya lo creo, están ahí porque sirven, están ahí para decirnos algo, para que HAGAMOS algo con ello, y van a seguir estando ahí hasta que no actuemos, hasta que no pasemos del terreno de las ideas, al de la acción.

No importa si se trata de un tema personal en casa, con algún amigo, o en el trabajo, lo importante es que primero prestemos atención para hacernos conscientes, y después, tomemos acción, buscando el asesoramiento de un experto si nosotros no sabemos cómo solucionarlo.

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Me di cuenta hace ya un tiempo, de la cantidad de veces que el dolor y el cansancio me informaban de la necesidad de corregir la postura de la espalda. Pasé mucho tiempo sin hacer nada, repitiéndome machaconamente “debería hacer algo con la espalda” “a ver si la semana que viene…” “ya si eso…”. Me decía estás frases con un nivel muy bajo de compromiso, sin planificar realmente nada. Un día me lo tomé en serio, me di cuenta de la energía que estaba perdiendo y decidí que ya no iba a esperar más. Empecé con una planificación muy sencilla para el primer mes: simplemente invertir 15 min por la noche en unas posturas de yoga, en meses posteriores, fui poco a poco incorporando y combinando este hábito con otras actividades: ahora voy por la calle, y los escaparates me devuelven otra postura. Todavía me falta automatizar la correcta posición de la pelvis, ¡ya llegará! Estoy en el buen camino, y haber conseguido reforzar la musculatura de la zona es un muy buen comienzo.

¿De qué te has dado cuenta tú? ¿Vas a seguir dándole vueltas al botijo? ¡¿Hasta cuándo?!


Acción y Distracción

 

Pensar es bueno, yo diría que incluso muy recomendable: observar, analizar información de forma objetiva, tomar conciencia de cosas importantes, saber por qué me siento enfadada o triste en un momento dado, tomar decisiones, planificar, etc.

A pesar de ello, hay ocasiones en las que conviene evitar pensar:

–          Cuando estás dándole una y mil vueltas a alguna idea recurrente, sin llegar a ninguna conclusión, consiguiendo únicamente ponerte más y más nervios@.

–          Cuando estás cansad@ mental o físicamente.

–          Cuando estas enferm@.

–          Cuando anímicamente no te sientes bien.

Aunque estés pasando por una etapa desafiante, si te das cuenta, hay momentos a lo largo del día en los que te vas a sentir mejor, y otros en los que te vas a sentir peor. Yo te invito a aprovechar los primeros para pensar, planificar, etc. Y en pasar los segundos tomándote ratos para sentir, para después pasar a la acción con actividades que no requieran un nivel de atención muy alto y que simplemente respondan al objetivo de distraerte: trabajos mecánicos (ordenar papeles, limpiar…) ver la tele, dar un paseo, leer, jugar con el ordenador, ver fotos, escuchar música, lo que sea que te distraiga. ¿Sabes lo que te distrae? Pues ya tienes la primera tarea… Y si no lo sabes, prueba, pregunta a la gente de tu entorno qué hacen ellos para distraerse y juega…

Después, cuando te encuentres mejor, reflexiona y ACTUA. Cuando llegue el momento de actuar, no te pares mucho a pensar… actúa y después, tómate un rato para evaluar los resultados. A veces es peor pensar en hacer algo, que hacerlo realmente…  ¿Verdad?

Si necesitas apoyo en el proceso de pensar, actuar y distraerte, puedes contactar conmigo. ¡Gracias!