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¿Dejarlo todo por ser madre?

 

Hoy quiero escribir sobre un tema que me estoy encontrando con sorprendente frecuencia entre mujeres que estoy conociendo, tanto en España, como fuera de nuestro país.

Y digo sorprendente porque aunque sé que a nuestra sociedad todavía le queda por recorrer un largo camino en materia de igualdad, creía que después de tanto tiempo con el tema sobre la mesa, habríamos progresado algo más.

Constato con inquietud que no, que aún son mayoría las mujeres (en ocasiones MUY JÓVENES) que asumen la mayor parte de la responsabilidad sobre los hijos que deciden tener… ¿Y los padres? ¿Ellos no se plantean cambios en su vida? ¿No son acaso los hijos igualmente suyos?

Por qué tantas mujeres siguen asumiendo sin discusión que “los niños son para las madres”. ¿Por qué son las mujeres las que suelen reducir o eliminar la jornada laboral remunerada? ¿Por qué suelen ser ellas las que se ocupan cuando los niños se ponen malos? ¿Por qué siguen siendo mayoritariamente ellas las que se ocupan de la casa, la comida, la limpieza  o la logística familiar? ¿Es que ellos no viven allí también?

¿Por qué él cuando llega a casa, suele disponer de un rato para desconectar de la jornada laboral y la mujer no? ¿Es que no es importante también para ella desconectar?

¿Por qué la mayoría de mis clientes particulares son mujeres? ¿Por qué hay unos índices tan elevados de problemas de estrés, ansiedad y depresión, entre las mujeres?

¿Por qué tantas mujeres se enfrentan con terror al vértigo de volver al trabajo después de estar ocupándose, con dedicación exclusiva, de la familia? ¿No será que anticipan que no van a poder con todo?

En mi opinión, renunciar a todo por ser madre es un error. No es natural… las madres no nacen siendo madres, nacen siendo personas que después un buen día, en el mejor de los casos deciden de forma responsable y conjunta con su pareja, tener hijos. Pero la vida sigue… y una sigue siendo persona, pareja, amiga, hija, profesional… Prever que durante una etapa, ambos padres van a disponer lógicamente de menos tiempo para esos otros roles, es una cosa muy razonable, renunciar unilateralmente a todos ellos, no lo es.

¿Cuál es el legado que quieres dejar como persona? Además de ser madre… ¿A qué te gustaría dedicar (parte de) tu vida? ¿Qué te gustaría que tus propios hijos viesen en ti cuando te miren dentro de 10  ó 20 años? Una mujer frustrada por haber visto cómo se le iban escapando los días entre las manos, mientras todos los demás hacían “su vida”, o una mujer que conjuntamente con su padre ha vivido su rol de madre, con los sacrificios y gratificaciones que conlleva, sin renunciar a TODO LO DEMÁS.

Si tienes dificultades con este tema, el coaching también te puede ayudar aquí, aportándote herramientas para gestionar esta situación de la mejor forma posible.

 

Gracias por pasar por aquí y si quieres más información sobre los talleres y programas de formación en Múnich y en Madrid, puedes pinchar aquí ;): https://lolahernandezcoaching.wordpress.com/calendario/


¿Compartes la responsabilidad?

En el avión a Málaga de la semana pasada, observé una situación que me llamó la atención: había una familia joven con dos niños pequeños distribuidos de la siguiente forma: ella en el asiento de pasillo, tenía a su izquierda a los dos niños, al otro lado del pasillo estaba su marido, en la misma fila… Durante todo el vuelo los niños jugaban, se peleaban, comían, bebían… y la madre se ocupaba de todo el proceso, los niños no estuvieron quietos ni un minuto y la madre tampoco. Con respecto al padre, pasó todo el vuelo jugando con aparatos electrónicos, leyendo y viendo películas en esos mismos aparatos.

Lo que más me llamó la atención, es que esta situación no cambió en ningún momento, no se escuchó al marido ofrecerse a cambiar de asiento, pero tampoco se escuchó a la mujer PEDIR apoyo a su marido, y ahí es donde quiero llegar.

Culpamos mucho a la sociedad del peso que cargamos las mujeres, de lo injusto del reparto de papeles, de cómo se aprovechan los hombres de esta situación… ¿y nosotras qué hacemos? Ciertamente, aún en los años que vivimos, existe un reparto de papeles no escrito en ningún sitio, según el cual, todavía muchas mujeres (afortunadamente ya no todas…) asumen que la responsabilidad sobre la casa y los hijos es suya, y se reciben presiones de distinta naturaleza para que así sea. Como resultado de estas presiones, aparecen los tan frecuentes “sentimientos de culpa” cuando como mujeres nos encontramos disfrutando de algo distinto a las responsabilidades que se nos han adjudicado.

Sí, se necesita pasar por un proceso para liberarse de ese sentimiento… y lleva su tiempo, pero solo tú puedes elegir si sucumbes a esas presiones o poco a poco te revelas y empiezas a permitirte disfrutar de otras cosas, y a poner el conflicto encima de la mesa, que es donde tienen que estar los conflictos. Cuando no afloran, generan procesos de resentimiento y victimismo que desde luego no nos apoyan para ser más felices.

En la última reunión de voluntarios de españolaenmunich.com se hablaba de este tema, se comentaba la necesidad de despertar conciencias, para que las mujeres que todavía están dormidas dejen de funcionar en automático asumiendo responsabilidades más allá de las humana y socialmente razonables y empiecen a compartirlas con la otra parte del equipo que constituimos cuando nos emparejamos.

Ya te estoy escuchando: “es que me va a tocar discutir”, ¡Te lo garantizo! ¡Claro que te va a tocar discutir! Pero creo que son discusiones que es necesario tener, pues las nuevas perspectivas en el futuro de vuestra relación de pareja, y en la educación de vuestros hijos si los tenéis, harán que haya merecido la pena.

Todos en algún punto, funcionamos según la ley del mínimo esfuerzo, nosotras también, si viene alguien a ocuparse de nuestras cosas, le dejamos encantados… Pero en el fondo, sabemos que es nuestra responsabilidad y que somos nosotros los que debemos asumirla y que eso redunda en positivo en nuestras relaciones.

En el otro extremo, tengo el ejemplo de una clienta que quiere dejar a sus hijas el legado y las enseñanzas de compartir con ellas el proceso de dedicarse profesionalmente a su pasión.

¿Y tú? ¿Qué quieres enseñar a tus hijos?


¡No le aguanto!

Acogiéndose a mi oferta de atender peticiones “de los oyentes…”, mi amigo Angelillo me pedía la semana pasada que escribiese sobre las relaciones, concretamente sobre las interacciones, no siempre deseadas, que tenemos con compañeros en el trabajo o familiares, con los que surgen conflictos que en ocasiones nos general problemas.

La gestión de conflictos es un tema que da para mucho pero voy a tratar de centrarme en algunos aspectos concretos que aprendí de Paco Yuste (mi Tutor en Coaching), de Ana Sposito (mi Coach) y leyendo a Norberto Levy (una referencia en Inteligencia Emocional) y algunas otras que también he tenido ocasión de poner en práctica en mi día a día:

– El peor conflicto es el que no se gestiona… huir del conflicto supone empezar a alimentar una bola con la certeza de que en algún momento, probablemente el más inoportuno… nos va a explotar en las narices.

– Con mucha frecuencia, utilizando la metáfora del palito que utilizamos para remover las brasas en la barbacoa, tendemos a “coger las relaciones” por el lado del palito que quema, cuando en realidad, también tenemos la posibilidad, de cogerlas por el lado del palito que no quema, eso supone tener un poquito de generosidad para tratar de entender al otro, y una buena forma de conseguir esto, suele ser practicando algo muy poco habitual: escuchar.

– Por otra parte, solemos juzgar los comportamientos de los demás directamente (los nuestros también) y si a eso le unimos nuestras tendencias de imponer nuestro criterio, adivinar las intenciones de los demás y tomarnos las cosas de forma personal… actuamos conforme a la muy extendida creencia de que “el mundo es una jungla en la que impera la ley del más fuerte, es un lugar en el que hay que competir: hay ganadores y perdedores; eso significa que para que tú ganes yo tengo que perder…”. Qué tal empezar a generar una creencia alternativa que esté basada en la cooperación, en la que yo te escucho y te expongo mi punto de vista para que ambos busquemos la solución al conflicto, si no la mejor, al menos, la que menos daño haga.

– Otra cosa que ayuda bastante es la idea de separar los comportamientos de las personas, y centrarnos en estos cuando hablemos del conflicto, eliminando los mensajes “tú – acusadores y los absolutistas: tú eres un tal… o un cual, tú siempre eres…”. De esta forma, diríamos “cuando tú haces… yo me siento….”.

– Para terminar, ayuda observar para tratar de averiguar qué necesidad está detrás del comportamiento que me está enfadando de alguien; y ya “para nota” es ser capaces de responder a esa necesidad ofreciendo una alternativa. Por ej. si la necesidad que se esconde detrás es la necesidad de pertenencia, el sentirse miembro del equipo, puedo probar a transmitirte que eres un miembro valioso del equipo, y que no necesitas tener un comportamiento disfuncional para comprobarlo.

En el fondo somos todos tan parecidos… pero tanto tanto tanto… que si no nos empeñamos en pelearnos, tenemos muchas posibilidades de entendernos.

Termino disculpándome, porque hoy me he enrollado un poco más de la cuenta. Espero, como siempre, que encontréis aplicaciones prácticas en este texto, y si no es así, por favor, no dudéis en preguntar.