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¿Qué tal te llevas con tus emociones?

No sé tú, pero yo hasta no hace tanto… ¡fatal! Sí, reaccionaba muy mal cuando sentía miedo, me enfadaba o me ponía triste, además, esto siempre solía ocurrir en el momento más inoportuno y no tenía ningún control sobre mí… ¿Te suena?

Cuando me enfadaba me sentía como “una mala persona”, pensaba que la buena gente no se enfadaba por tanto me juzgaba negativamente cuando lo hacía y cada nuevo enfado era una batalla perdida contra mis deseos de hacer lo correcto y una evidencia de que me encontraba muy lejos de cumplir con la imagen ideal que yo había construido para mí, lo que yo “debería ser”.

No te digo nada cuando aparecía el miedo… lo que sentía a continuación era vergüenza, ¿por qué siento miedo por cosas tan tontas? Me preguntaba, y me resultaba tan denigrante, que gastaba muchos esfuerzos en disimularlo, y por supuesto en negarlo… ¡miedo yo! Noooooooo, qué va… yo soy una chica-super-campeona.

Termino con una mención a la tristeza: cuando me sentía así, me costaba reconocer qué sentía, no sabía lo que era, simplemente me sentía mal y no sabía qué hacer con esa sensación; la sola idea de ponerme a llorar delante de alguien me parecía bochornosa, y llegaba a pensar que alguien pudiera creer que yo trataba de manipular con mi llanto.

Después de tiempo trabajando con mis propias emociones, aprendiendo de las de mis clientes (unos grandes maestros), de pasar por la Escuela de Inteligencia, por las clases de Francisco Yuste, de muchos talleres, de leer y poner en práctica lo leído… entendí muchas cosas y hoy me alegra compartir contigo que otra forma de gestionar las emociones… ¡es posible!

Por concretar un poco con un ejemplo: ahora entiendo que enfadarme en sí no es malo (muy al contrario, todas las emociones son buenas, necesarias y adaptativas, y siempre están ahí por algo…) lo que sí cuido más es lo que hago a continuación… y cuando alguien cercano me dice eso de “no te enfades”, le pido que respete mi mal humor, y después, cuando el nivel de enfado ha descendido – después de dar un paseíto por ejemplo – le explico que enfadarse es muy bueno – si alguien traspasa mis límites… ¡quiero saberlo! -, que lo voy a seguir haciendo y si mi emoción ha tenido algo que ver con algún comportamiento suyo, se lo hago saber, con la mayor asertividad del mundo – aquí también voy progresando ;D. Creo que es mucho más adaptativo y bueno para las relaciones, compartir lo que opinamos y sentimos para dar al otro la oportunidad de hacer modificaciones a su conducta…, que callarnos… y aparecer un día sorprendentemente con las maletas en la puerta… o esperar a que nos lean el pensamiento… ;D… – sí, todos lo hemos hecho alguna vez… ¡incluso muchas!

Así que amig@ hoy te invito a remangarte con tus emociones, a darles la bienvenida y a aprender otras formas de gestionarlas, porque tu felicidad, tus relaciones y tu supervivencia, dependen en buena medida de ellas. ¡Feliz viaje!

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¿Expresión o Explosión?

 

Hoy quiero hablar una vez más de la importancia de expresar y expresarnos, pues en la práctica profesional y en la vida personal, observo con frecuencia una tendencia a inhibir nuestras opiniones, emociones y deseos, por miedo a crear conflictos, nos decimos cosas como “déjalo estar”, “total… me da igual…”, “no pasa nada…”, como si al decirlo, mágicamente esa emoción o ese deseo desapareciera. ¿De verdad crees que desaparece? ¿Te has parado a pensar en qué efectos causan esas “no expresiones” en tu naturaleza física y psicológica? ¿De verdad crees que no tienen consecuencias para ti?

En las últimas semanas, he tenido ocasión de dar un par de charlas en Múnich sobre asertividad, y las personas que me escuchaban estaban de acuerdo en que cuando de expresar(nos) se trata, con frecuencia pasamos de inhibirnos a explotar. Y sí, después de mucho tiempo “tragando” nos sorprende nuestro “poco control emocional” cuando “de repente” un día explotamos… ¿De repente?

¿Qué podemos esperar si reprimimos nuestras emociones? Ayer leí en un artículo sobre inteligencia emocional esta expresión y por eso he querido empezar hoy así el post: “Cuando no hay expresión, hay explosión”.

¿Cuál es la alternativa? Eso es… expresar(nos), decir lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos… Utilizar esta maravillosa herramienta que es la comunicación verbal para ejercer nuestro derecho y responsabilidad que es expresarnos. ¿De cualquier forma? No… Expresarnos de forma agresiva puede tener consecuencias negativas tanto para nosotros como para las personas que nos escuchan, lo cual no quita para que pongamos cuidado en crear espacios para canalizar también nuestra agresividad (como me comentaba ayer una persona que sabe mucho de estos temas…), para que una vez más evitemos que se quede dentro… Para lo cual nos puede servir hacer uso de los cojines que tenemos en casa o practicar artes marciales, por ejemplo.

Podemos entonces aprender a expresarnos de forma asertiva, esto es, con respeto, de forma adecuada, en el momento adecuado, utilizando un tono de voz neutro, no agresivo ni inhibido, y como llevamos muchos años de nuestra vida comportándonos de forma no asertiva, pues vamos a necesitar practicar, practicar y practicar; hay muchas técnicas para ello, libros y talleres sobre el tema, pero lo más importante, es que tú te pongas las “gafas de la asertividad” para detectar situaciones en las que poder practicar, y lo HAGAS… Si necesitas apoyo, en Coaching trabajamos con algunas herramientas muy útiles para entrenarnos en asertividad y no explotar… ; ))

CIMG2498Aprovecho para decirte que en julio trabajaremos precisamente con la asertividad, en el taller que está programado para el día de San Fermín… 😉 Te dejo también un enlace al calendario con todos los talleres y eventos previstos, ¡nos vemos!


Contar o sentir

 

Hoy quiero compartir lo afortunada que me siento por tener la profesión que tengo y por tener unos compañeros como los que me acompañan en este camino y con los que tanto disfruto.

Ayer, en una reunión con mis compañeros de Crecer – Crecer, en Madrid, tuve el privilegio de hacer coaching con ellos, de recibir su feedback y de sentir. Uno de los objetivos de Crecer – Crecer es prestarnos apoyo entre nosotros y ayer me tocó a mí recibir este apoyo: les estuve comentando unas dificultades a las que me había enfrentado recientemente y a través de las preguntas que entre todos me hicieron, del tiempo que me regalaron para pensar, para procesar y sobretodo para sentir, salí fortalecida por la “sesión de coaching generoso” porque SENTÍ y porque saqué conclusiones prácticas para poner en marcha cuando en el futuro me vuelva a encontrar en situaciones parecidas.

Después de la sesión, y esta es otra cosa que quiero compartir, hablábamos de la diferencia entre contar racionalmente algo y sentir ese algo. Cuando nos contestamos a las preguntas que nos hacemos en coaching, además de respuestas prácticas, nos encontramos con nuestras emociones y dejamos que estas hagan su trabajo. Con mucha frecuencia, cuando estamos atascados con algo, simplemente necesitamos tomarnos tiempo para sentir algún episodio relacionado que se ha quedado sin procesar, sin integrar en nuestro sistema emocional. El simple hecho de sentir, por tanto, es en sí mismo muy reparador. Además, las emociones que experimentamos en ese momento vienen cargadas de información importante y nos ayudan a sentir qué necesitamos hacer en ese momento para canalizar la emoción, para dejar que salga, ese es el tema.

Hace poco me decía un cliente “no, si yo racionalmente me lo explico y lo entiendo, pero luego hay algo que me impide hacer lo que he pensado racionalmente”. Ese “algo”, vuelven a ser emociones retenidas, emociones no expresadas  que se han quedado pendientes de ese procesamiento que comentaba antes.

Por tanto hoy te invito a sentir, tómate tu tiempo cuando lo necesites, para que salga esa tristeza o ese miedo, siéntelos y déjalos ir. Puedes hacerlo solo, con un buen amigo o con un profesional que te ayude, mediante preguntas (*) a ponerte en contacto con emociones retenidas, para que además de contar lo que pasó, lo sientas, y entonces sí, puedas dejarlo ir.

Si necesitas alguna aclaración sobre este o algún otro post, por favor dime; pues a veces una se pone a escribir pensando que es muy obvio lo que está diciendo, y resulta que luego de obvio nada de nada. Para mí es un buen feedback y lo agradezco mucho. Y una vez más, ¡Gracias por estar ahí!

 

(*) Y/o mediante las variadas técnicas que el desarrollo personal pone a nuestra disposición, como por ejemplo las técnicas de movimientos corporales del Sistema Rio Abierto que dirige mi compañera Gabriela Cornejo, aquí en Múnich.

 


Intensidad Emocional

 

Volviendo al apasionante tema de la Inteligencia Emocional, hoy quiero hablar sobre intensidad, concretamente sobre la intensidad de las emociones.

Ya sabemos que sentimos emociones porque necesitamos de ellas para nuestra supervivencia y adaptación, cada una de las emociones que sentimos tiene un mensaje para nosotros, una información que es importante que recojamos. Sabemos también que una vez que hemos recogido ese mensaje debemos canalizar la emoción y eso supone, hacer alguna o varias de las siguientes cosas:  tomarnos tiempo y espacio para sentirla, expresarlas y/o tomar acción.

Bien, realmente ¿lo hacemos? Cuando sentimos por ejemplo enfado… ¿nos tomamos tiempo para rebajar la intensidad emocional que nos produce antes de actuar?…  y a continuación…  ¿actuamos? ¿Qué supone actuar cuando nos hemos enfadado con alguien? Con frecuencia, informar a ese alguien de forma adecuada (*) de cómo nos hemos sentido cuando ha hecho algo concreto.

En realidad ocurre que en muchos casos, no informamos, nos “tragamos” nuestro enfado, nos tragamos nuestra emoción… Y claro, “todo lo que hacemos y todo lo que no hacemos tiene consecuencias siempre primero para nosotros”: ¿Es posible que la próxima vez que ocurra eso que nos ha enfadado, nos enfademos más? ¿Es posible que ese enfado sea menos manejable que el primero? ¿Y si tampoco hacemos nada la segunda, ni la tercera, ni la “n” vez?

Culpamos a nuestras emociones de desbordarnos, de bloquearnos… pero si nos fijamos, ellas siempre vienen con buenas intenciones: informar y que hagamos algo… Si no hacemos nada… el mensaje que les estamos dando es… “hasta que no vuelvas con toda la artillería pesada, yo no me voy a dar por aludida…”.

Hoy te invito por tanto a escuchar a tus emociones, y a actuar… y si en el camino te surge alguna duda y quieres preguntar, puedes hacerlo abiertamente a través del blog, o privadamente en lolahernandez.coaching@gmail.com. ¡Gracias por tus aportaciones!

Aprovecho para contarte que todavía queda una plaza para el programa de desarrollo personal que empezamos la semana que viene en Múnich y que el mes que viene, disfrutaremos del taller de asertividad. ¿Más información? Pincha aquí

(*) Otro día os cuento sobre una herramienta que utilizamos en coaching – el Feedback –  para comunicarnos de forma adecuada cuando algo no nos ha gustado.

 


¡No te juzgues!

El sábado lo comentábamos con los “emocionados encantadores” que nos acompañaron a Gaby y a mí en el Taller de Emociones, y miraban con cierta sorpresa cuando les decía que las emociones tienen muy mala prensa.

Y es que sí, socialmente hemos aprendido que las emociones son algo malo, algo negativo de lo que nos pasamos la vida avergonzados, negándolas, ocultándolas, y sí juzgándonos cada vez que experimentamos una emoción.

Cuántas veces te has escuchado diciendo cosas como: ¿Enfadada yo? ¡No hombre! – eso es de gente con mala leche – ¿Miedo? ¡Qué va? – el miedo es de cobardes… – ¿Triste? No, yo no soy “una melancóoooolica depresiva”…

Por tanto, lo primero que hacemos es juzgar como algo negativo lo que estamos sintiendo; simplemente por el hecho de sentirlo, cuando en realidad es todo lo contrario: como comentábamos el sábado, las emociones son unas valiosas aliadas, pues nos informan sobre nuestras necesidades, sobre lo que es importante para nosotros y aumentan nuestra capacidad de adaptación, y por tanto, nuestras posibilidades de supervivencia ¡Ahí es nada!
Y nosotros nos pasamos la vida gastando muuuuuuuucha energía en disimularlas, en vez de canalizar esa energía hacia la solución de aquello que sea que esté relacionado con lo que estamos sintiendo.

En la Escuela (de Inteligencia) nos enseñaron que el problema es que confundimos SENTIR con HACER: una cosa es lo que sintamos, eso siempre es positivo y necesario… y otra muy diferente, lo que hagamos a continuación, podemos hacer algo que resuelva o algo que empeore la situación.

Lo cierto es que en ocasiones hemos asociado una emoción a una acción negativa, y el simple hecho de sentir la emoción ya dispara todas las alarmas. Por ejemplo: si cuando tengo miedo busco evadirme bebiendo, cada vez que tenga miedo voy a juzgarme pensando que otra vez voy a acabar escondiéndome detrás del alcohol, cuando lo más funcional sería explorar otras formas más adaptativas de ACCIÓN, cuando SENTIMOS miedo.

Como decía, sentir, siempre siempre siempre es positivo, lo que puede ser negativo (o no) es lo que hagamos a continuación, por tanto, espero que a partir de ahora cuando te escuches juzgándote por sentir una emoción, recuerdes esta reflexión… y lo mismo cuando te encuentres juzgando las emociones de los demás… pero como decíamos el sábado “eso ya es Inteligencia Emocional avanzada” ; >, primero trabajemos con nuestras propias emociones…

No dejes de preguntarme cómo te puede apoyar el coaching si necesitas desarrollar tu Inteligencia Emocional y por alguna buena razón, te estás atascando. ¡Gracias!


El Miedo

El miedo es una de las emociones más valiosas que sentimos.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, las emociones nos informan de aspectos que son importantes para nosotros, por eso son útiles y necesarias para nuestra correcta autogestión. Si no tuviésemos emociones no seríamos humanos… seríamos como un “saco de patatas…” que no sufre, no teme, pero tampoco se alegra, ni se enfrenta a desafios, ni se divierte, ni se desarrolla…

Como dice Norberto Levy (Sabiduría de las Emociones), el Miedo nos INFORMA de que estamos faltos de recursos ante el “desafío x” que tenemos por delante, que no estamos preparados y por eso nos sentimos superados.

¿Qué tenemos que hacer entonces cuando sentimos miedo? Desarrollarnos, prepararnos, formarnos, informarnos, entrenarnos, grabarnos en vídeo… y al final, estaremos preparados ante el reto que antes nos paralizaba… y el resultado será que “mágicamente” el miedo desaparecerá, y no solo haremos lo que teníamos que hacer bien, sino que además, disfrutaremos, porque ya estaremos preparados, ya sabremos que lo sabemos hacer, y lo más importante: sabremos QUE LO SABEMOS… esta es la clave. Si yo sé “que sé”, no temo… si “no sé si sé”, desconfío de mis capacidades, me siento insegur@ y temo…

¿Tienes miedo a algo? ¿A qué no estás preparad@? Si quieres más información sobre cómo el Coaching te ayuda a prepararte…, ¡contacta conmigo!

Lola Hernández García
Coaching y Desarrollo Personal
Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, Máster en Dirección de RRHH por la Escuela de Organización Industrial y Experta en Coaching Personal por la Universidad Camilo José Cela. Más de 15 años de experiencia profesional en Gestión, Formación y Desarrollo de Personas, desde puestos de dirección. Miembro de Crecer – Crecer.
http://www.lolahernandezcoaching.wordpress.com
lolahernandez.coaching@gmail.com
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