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Sin Anonimato

 

Hoy quiero escribir sobre un tema que me ronda la cabeza últimamente y sobre el que he tenido ocasión de charlar recientemente con algunas personas que he conocido por aquí: la falta de anonimato.

Y es que cuando vas a vivir a otro país, es muy frecuente y algo propio de la cultura latino-mediterránea, buscar conocer a gente que hable tu idioma, relacionarte con ellos de diversas formas y hacer contactos en esos grupos.

Aunque como decía ayer una compañera, “Múnich es un pueblo que aspira a ser una gran ciudad”, en realidad es una ciudad bastante grande, y sin embargo, la comunidad hispanohablante, siendo bastante numerosa y cada día más, no deja de ser reducida si la comparamos con la comunidad alemana… lógicamente, y parece que a muchos, sobre todo si venimos de ciudades grandes, en las que el anonimato está garantizado – para lo bueno y para lo malo -, según va pasando el tiempo, tenemos la sensación de que conocemos a todo el mundo y que todo el mundo nos conoce, pues es habitual que acabemos muchos frecuentando los mismos lugares. Así ocurre que nos vamos conociendo a través de unos y otros y uno acaba teniendo esa sensación de pérdida de anonimato. Un aspecto preocupante que uno se plantea en este contexto, según hablaba con otra española, es que por muy bien que quieras hacer las cosas, tanto en lo personal como en lo profesional, es seguro que en algún momento vas a cometer algún error… y claro… ¡se puede correr la voz rápidamente! Bien es cierto, que a la inversa también sucede, haces un buen trabajo o eres una persona maja, y se entera todo el mundo.

¿Cómo se puede afrontar esto? Creo que en primer lugar con más humildad, por muy bien o muy mal que hagamos las cosas, no somos el ombligo del mundo y la gente tiene su propia vida para pensar en ella. Por otra parte, tener presente que vivimos en Alemania y perseguir el objetivo de integrarnos con los alemanes, nos ayudará a seguir creando un círculo que cada vez será mayor, y por tanto más anónimo.  Y además ¿quién está libre de cometer errores? Aceptémoslo, somos falibles, tenemos derecho a equivocarnos, y no pasa nada… Nadie más que nosotros lo va a recordar.

Así que te propongo…  que te relajes, disfrutes y metas un poquito la pata de vez en cuando, que oyes, se aprende un montón. Con cariño, desde Múnich, Lola.

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Seguimos en el extranjero

 

Cuando te vas a vivir a otro país, al principio todo es nuevo: cada día descubres algo, tienes la sensación de estar un poco como “de vacaciones”, todo es exótico,  tus nuevos vecinos son exóticos, tú eres exótico. Empiezas a trabajar o empiezan a llegar los primeros clientes. Con el nuevo idioma, avanzas muy rápido, te parece que en poco tiempo estás aprendiendo mucho, y te encanta comprobar cómo la gente te ayuda a hacerte entender. Cada vez conoces más gente y si eres un poco optimista, es fácil que empieces a pensar: “bueno bueno, de aquí a un año o un poco más, el idioma… ¡Dominado! Y los clientes… ¡Voy a tener lista de espera para hacer procesos de Coaching! Vamos vamos…”.

Muchos vivimos esta sensación de enamoramiento inicial, pero los enamoramientos pasan, y un buen día te levantas por la mañana y te dices: ¡Vaya, todavía estoy aquí! Y ya no te parece tan exótico, tú también has dejado de serlo, ahora tienes la sensación de que tus vecinos empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que por fin hables bien el idioma, y tú también tienes la sensación de que llevando el tiempo que llevas… ¡Deberías hablar mejor! El negocio progresa, a su ritmo… pero estás todavía un poco alejado de esa visión de “lista de espera”.

Ante este panorama, te sientes triste, echas de menos a los tuyos, pero los tuyos empiezan a acostumbrarse a tu ausencia, y en tu nuevo país, es muy posible que hayas conocido mucha gente, pero el proceso de construir amistades, lleva su tiempo… Y no sientes que tengas a nadie con quien de verdad te apetezca compartir esas experiencias.

Vale… ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, ser realistas… Aprender un idioma, y además, a la edad que tenemos algunos, es un proceso que lleva su tiempo, y ni al principio sabíamos tanto, ni ahora sabemos tan poco… Por tanto… ¡A seguir dándole!

Empezar a trabajar fuera, o montar tu propio negocio, también es un proceso que lleva tiempo, los primeros años ya sabemos que no vamos a tener beneficios, pero lo importante es lo que estamos sembrando y lo mucho que estamos aprendiendo por el camino, para empezar, sobre nosotros mismos. Por tanto, sigamos por aquí, sigamos poniendo en valor estrategias, comprobando sus resultados, y probando estrategias nuevas; por el camino conoceremos mucha gente y de verdad, no podemos imaginar dónde ni en qué momento “sonará la flauta”, pero lo más importante es que si no perdemos el enfoque, al final suena, créeme…

Con respecto a nuestras raíces afectivas, también aquí echaremos raíces, y cada vez nos sentiremos más integrados con nuestros nuevos vecinos; pasará el tiempo que necesitan las buenas amistades para “cocinarse” y cuando nos queramos dar cuenta, nos encontraremos diciendo, si no hubiese venido, no te habría conocido, me habría perdido esto, lo otro… ¡Y quién me iba a decir a mí que yo iba a aprender este idioma!

Si necesitas apoyo para no perder el buen enfoque… escríbeme a lolahernandez.coaching@gmail.com

 


El hueco que dejamos

Cuando nos vamos a vivir a otro país, vivimos muy en primera persona los cambios a los que nos enfrentamos: las diferencias culturales que experimentamos, el nuevo idioma, las nuevas temperaturas, las cosas que añoramos, las personas a las que echamos de menos, los hábitos que poco a poco vamos cambiando, los nuevos lugares que empezamos a frecuentar…

En cierto sentido todo es nuevo para nosotros, y aunque los desafíos están garantizados, también nos encontramos una parte muy positiva: ¡estamos empezando una nueva vida!  Y eso es maravilloso… es volver a empezar, de cero, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, por nuestra parte, ni por parte de los demás hacia nosotros, es un verdadero regalo.

En ese “trajinar”, estamos muy atareados en nuestra nueva vida: hay tantas cosas que hacer, tanta gente nueva a la que conocer, tantos nuevos clientes que conseguir, tantas palabras que aprender, tantos papeles que hacer, tantos sitos a los que ir por primera vez…

Estamos tan ocupados que no nos damos cuenta del hueco que dejamos. Me ayudaron a verlo mis compañeras de Damelamano en la reunión de la semana pasada, especialmente Katia Pinal y Patricia Valenzuela.

Cuando te vas a vivir a otro país, tú te vas, pero ellos se quedan, y es inevitable que tus seres queridos sientan el hueco que has dejado , y que no les guste la sensación, y que te sientan lejos, porque es cierto que tú estás lejos, que ya no estás allí, y que ya no les dedicas tanto tiempo como les dedicabas.

Es lógico… tienes una nueva vida por delante, tienes un trabajo de integración que hacer, y eso lleva tiempo, recursos y energía, y es bueno que hagas ese proceso. ¿Eso significa que ahora te vas a olvidar de “ellos”? No, eso significa que necesitas readaptarte a la nueva situación, y que ellos también necesitan pasar por algunos ajustes psicológicos.

Ellos necesitan tiempo, han sufrido una pérdida y están pasando el duelo correspondiente a toda pérdida. Lo expresarán de la forma que sepan hacerlo, en ocasiones habrá reacciones que no sepas interpretar…  Dedica tiempo a entenderles y a entenderte…  Escuchar, explicar, leer y aceptar  te ayudarán, nos ayudarán.

Con el tiempo se irá produciendo un ajuste, ellos poco a poco irán llenando tu hueco ¡claro! Es normal que así sea, ellos necesitan el afecto que tú les dabas y si tú no estás ahí, será muy bueno que busquen otra forma de conseguirlo, y tú seguirás encontrando otros afectos aquí. ¿Eso cambiará la relación? ¿Eso les cambiará a ellos? ¿Eso te cambiará a ti? Te lo garantizo… La buena noticia, es que todos esos cambios son buenos, por el camino habrá mucho crecimiento personal, para ellos también, pero especialmente para ti. Vivir en el extranjero es una oportunidad maravillosa para desplegar nuevos talentos, para descubrir en ti capacidades que antes no hubieras ni imaginado que tenías… Alguien decía, con mucho acierto: ¡Necesitado te veas! Pues eso…

Si necesitas apoyo en este proceso de integración, no dudes en contactar conmigo; todavía me queda mucho por aprender, pero empiezo a tener un poquiiiiiiiiiiiiito de experiencia que pondré encantada a tu servicio.