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Integra tu cerebro

Hoy quiero compartir información, como siempre trato de hacer: práctica, sobre un libro que he empezado a leer y que está resultando de lo más apasionante que he encontrado en los últimos tiempos: EL CEREBRO DEL NIÑO de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.

Aunque los autores enfocan el tema relacionándolo con las distintas etapas del desarrollo de los niños, asimismo comentan que todo lo recogido en él, las estrategias, conceptos y ejercicios prácticos, son 100% aplicables a adultos.

Vamos a ver un ejemplo concreto: ¿has intentado alguna vez  razonar con una persona  alterada por alguna emoción intensa y no ha sido posible? Cuando estas enfadad@ ¿eres capaz de pensar de forma lógica?

Presentación1

Siegel y Payne nos hablan del cerebro y sus distintas divisiones, una de ellas, la división entre el hemisferio izquierdo y el derecho. Cada uno de ellos tiene funciones diferentes: el izquierzo es el lado racional, lingüístico y lógico, el derecho es el emocional, intuitivo y visceral. Funcionan de forma tan autónoma que es como si tuviésemos dos personalidades – eso explica que de vez en cuando nos digan cosas como “nunca te había visto así”, “no te reconozco”. Bien, pues según los autores, y avalado por una gran base científica ahora que por fin se pueden estudiar las emociones en el cerebro, nuestro desarrollo, y con él nuestro equilibrio y bienestar dependen de que integremos esos dos hemisferios, para llegar a tener un cerebro pleno. Tan pernicioso para nuestro bienestar es quedarnos anclados en el uno como en el otro.

¿Y cómo se hace eso? Volviendo al ejemplo, si quieres comunicarte con una persona que está muy alterada emocionalmente, debes empezar haciéndolo desde el hemisferio derecho, es decir desde las emociones, la empatía, transmitiendo interés, escucha activa y comprensión de las emociones del otro. Eso favorece que la persona se sienta comprendida, y con ello, se sienta mejor; después de llegar a ese primer “éxito en el proceso comunicativo” ya puedes intervenir desde el hemisferio izquierdo, razonando de forma lógica la situación de que se trate, lo que se puede hacer, y favoreciendo de esta forma el crear un espacio de integración entre ambos hemisferios. ¡Apasionante! ¿No?

Espero que te sirva, para saberlo, no dudes en compartir tus comentarios, que siempre enriquecen y aportan a todos los seguidores. ¿Qué vas a hacer la próxima vez que te encuentres a tu hija o a tu pareja con un “disgustazo”?


Blanco o Negro

 

Buenas de nuevo,

Hoy quiero compartir algunas reflexiones sobre los extremos; si te das cuenta, en algunas circunstancias ponemos el foco de atención en lo positivo de una persona o situación. Por ejemplo, cuando nos enamoramos de alguien, solo vemos lo bueno de esa persona, cualquier cosa que diga o haga nos parece bien, nos encanta cada detalle al vestir, al comer y no encontramos ningún defecto en su comportamiento; de igual manera, cuando estamos en la fase inicial “qué bonito es vivir en Alemania”, nos resulta fácil encontrar un sinfín de motivos por los que Alemania y los alemanes son LO MEJOR que nos podemos encontrar… Si te paras a pensarlo, es muy fácil que generemos expectativas tan elevadas y tan poco realistas con respecto a estas personas o situaciones, que al cabo del tiempo, fácilmente nos sintamos decepcionados y alberguemos rencor.

De la misma forma, en el otro extremo, hay situaciones o personas para las que ELEGIMOS poner el foco de atención en todo lo negativo que vemos en ellas; así podemos encontrarnos renegando de una persona que ha cometido algún error, desde NUESTRO PUNTO DE VISTA y todo lo que hace nos parece mal. En la misma línea, podemos estar enumerando una larga lista de razones por las que no nos gusta vivir en Alemania, cuando ya llevamos un tiempito y estamos en pleno proceso de integración. En estos casos, como aplicamos el filtro “nada de lo que encuentre aquí o en esta persona me va a gustar”, porque ya hemos emitido un juicio, las expectativas que tendremos serán SIEMPRE negativas, por más que a los ojos de una persona más objetiva, puedan ser neutras o incluso positivas.

Una sabia mujer que me encontré ya hace muchos años,  Raquel García, me decía: “Lola en estas situaciones tienes que hacer el ejercicio de buscar contraejemplos, de desafiar lo que piensas”, y así, esforzarte en buscar aspectos no tan positivos del objeto de tu amor, y relativizar la situación que estás viviendo, aceptando que se trata de una maravillosa etapa, pero que al fin y al cabo es una etapa y seguro que a tu amor le fallan cosas por algún sitio … ¡y a quién no! Es seguro que en algún momento se producirá una situación que no te gustará.

Haciendo el mismo ejercicio, pero a la inversa, seguro que encuentras aspectos positivos de esa persona o de esa situación… Yo te invito a anotarlos en ese cuaderno que tienes para apuntar tus cositas de desarrollo personal, y echarle un vistacito de vez en cuando… Si tienes dificultades para hacer este ejercicio, no dudes en contactar conmigo, te apoyaré con algunas herramientas de coaching. ¡Besitos!


Miedo y Superación

 

Hoy quiero hablar de un libro que he leído recientemente y que quiero recomendarte si tú también sientes que el miedo te impide conseguir  cosas que son importantes para ti: “Miedo. Técnicas para superarlo y convertirlo en tu aliado” de Geoff Thompson, Ed. Gaia.

Es un libro sencillo, sin tecnicismos ni extensos estudios científicos sobre el tema, que simplemente plantea unos cuantos conceptos relacionados con el miedo, de una forma accesible para todos. Lo mejor de este libro es que el autor comparte desde su propia experiencia, y eso se nota.

El libro habla de muchos aspectos que conviene tener claros cuando queremos superar nuestro miedo, para mí, uno de los más interesantes es el de Adrenalina: todos sabemos más o menos lo que es la adrenalina, hablamos de los subidones de adrenalina que hemos experimentado, en unos casos, asociados a sensaciones negativas y en otros, a experiencias muy positivas.

Lo que no solemos tener tan presente, o al menos, no siempre recordamos, son los efectos que la adrenalina ejerce sobre nuestro cuerpo. Cada vez que nuestro organismo interpreta que estamos frente a una situación desafiante o amenazante, lanza a nuestro torrente sanguíneo una descarga de adrenalina, para que estemos preparados: la adrenalina tensa nuestros músculos, acelera nuestro ritmo sanguíneo y nos prepara para la respuesta de lucha o huída, es decir, para actuar frente a la situación que es percibida como desafiante o amenazante. En los orígenes de la humanidad, para el hombre primitivo esas situaciones eran la aparición en escena de tigres o leones (y ciertamente era bastante adaptativo luchar o salir corriendo), en nuestros tiempos, esas situaciones pueden ser una reunión difícil con el jefe o un auditorio de 50 personas que te miran y escuchan todas a ti; y claro…, en este segundo caso, liarse a puñetazos con el jefe o salir corriendo, no es tan adaptativo… pero nuestro organismo reacciona igual que el del hombre primitivo ante el tigre, y simplemente libera adrenalina para prepararnos por si tenemos que luchar o huir.

Bien, lo más curioso según Thompson, es que con el tiempo, aprendemos a reaccionar con miedo frente a la propia descarga de adrenalina: sentimos los famosos efectos psicosomáticos de la adrenalina en nuestro cuerpo, y nos asustamos, de manera que más que a la situación que originariamente provocaba esta respuesta, tememos a la propia reacción de nuestro organismo. Entramos así en una especie de bucle.

En esta situación, nos puede ayudar recordar (al menos a mi me ayuda mucho…) que SOLO ES ADRENALINA, que aunque sea un poco incómodo, no nos va a pasar nada: no nos va a dar un infarto, ni nos vamos a volver locos, ni es un ictus… es solo el efecto de la adrenalina en nuestro cuerpo, y se pasará. Thompson nos da algunas buenas ideas para poner en práctica en estas situaciones, pues una vez más, cada vez que tomamos un papel activo, empezamos a tomar conciencia del gran poder que tenemos para superar situaciones en la vida, también las que nos dan miedo.

 


Aprendiendo de mí y de mis emociones II

 

Ya de regreso de las vacaciones por mi precioso país, os cuento que el próximo viernes 31 de agosto, por la tarde y aquí en Múnich, mi compañera Gabriela Cornejo y yo vamos a hacer otro tallercito.

Lo llamo así porque en esta ocasión hemos optado por una modalidad más reducida que nos permita seguir disfrutando después del maravilloso solecito veraniego que estamos teniendo.

El taller tiene algunos elementos comunes al último que hicimos, pero también encontraréis algunas novedades: vamos a trabajar conceptual y corporalmente con emociones, vamos a explorar la ubicación corporal de algunas de las trabas emocionales que con más frecuencia nos podemos encontrar.

Podemos garantizar que nuevamente será una buena e interesante experiencia, y que disfrutaremos del espacio protegido y de complicidad emocional, que siempre se crea en estos talleres.

Allí nos vemos y aquí tienes toda la info. Taller Inteligencia Emocional_2


Contar o sentir

 

Hoy quiero compartir lo afortunada que me siento por tener la profesión que tengo y por tener unos compañeros como los que me acompañan en este camino y con los que tanto disfruto.

Ayer, en una reunión con mis compañeros de Crecer – Crecer, en Madrid, tuve el privilegio de hacer coaching con ellos, de recibir su feedback y de sentir. Uno de los objetivos de Crecer – Crecer es prestarnos apoyo entre nosotros y ayer me tocó a mí recibir este apoyo: les estuve comentando unas dificultades a las que me había enfrentado recientemente y a través de las preguntas que entre todos me hicieron, del tiempo que me regalaron para pensar, para procesar y sobretodo para sentir, salí fortalecida por la “sesión de coaching generoso” porque SENTÍ y porque saqué conclusiones prácticas para poner en marcha cuando en el futuro me vuelva a encontrar en situaciones parecidas.

Después de la sesión, y esta es otra cosa que quiero compartir, hablábamos de la diferencia entre contar racionalmente algo y sentir ese algo. Cuando nos contestamos a las preguntas que nos hacemos en coaching, además de respuestas prácticas, nos encontramos con nuestras emociones y dejamos que estas hagan su trabajo. Con mucha frecuencia, cuando estamos atascados con algo, simplemente necesitamos tomarnos tiempo para sentir algún episodio relacionado que se ha quedado sin procesar, sin integrar en nuestro sistema emocional. El simple hecho de sentir, por tanto, es en sí mismo muy reparador. Además, las emociones que experimentamos en ese momento vienen cargadas de información importante y nos ayudan a sentir qué necesitamos hacer en ese momento para canalizar la emoción, para dejar que salga, ese es el tema.

Hace poco me decía un cliente “no, si yo racionalmente me lo explico y lo entiendo, pero luego hay algo que me impide hacer lo que he pensado racionalmente”. Ese “algo”, vuelven a ser emociones retenidas, emociones no expresadas  que se han quedado pendientes de ese procesamiento que comentaba antes.

Por tanto hoy te invito a sentir, tómate tu tiempo cuando lo necesites, para que salga esa tristeza o ese miedo, siéntelos y déjalos ir. Puedes hacerlo solo, con un buen amigo o con un profesional que te ayude, mediante preguntas (*) a ponerte en contacto con emociones retenidas, para que además de contar lo que pasó, lo sientas, y entonces sí, puedas dejarlo ir.

Si necesitas alguna aclaración sobre este o algún otro post, por favor dime; pues a veces una se pone a escribir pensando que es muy obvio lo que está diciendo, y resulta que luego de obvio nada de nada. Para mí es un buen feedback y lo agradezco mucho. Y una vez más, ¡Gracias por estar ahí!

 

(*) Y/o mediante las variadas técnicas que el desarrollo personal pone a nuestra disposición, como por ejemplo las técnicas de movimientos corporales del Sistema Rio Abierto que dirige mi compañera Gabriela Cornejo, aquí en Múnich.

 


Intensidad Emocional

 

Volviendo al apasionante tema de la Inteligencia Emocional, hoy quiero hablar sobre intensidad, concretamente sobre la intensidad de las emociones.

Ya sabemos que sentimos emociones porque necesitamos de ellas para nuestra supervivencia y adaptación, cada una de las emociones que sentimos tiene un mensaje para nosotros, una información que es importante que recojamos. Sabemos también que una vez que hemos recogido ese mensaje debemos canalizar la emoción y eso supone, hacer alguna o varias de las siguientes cosas:  tomarnos tiempo y espacio para sentirla, expresarlas y/o tomar acción.

Bien, realmente ¿lo hacemos? Cuando sentimos por ejemplo enfado… ¿nos tomamos tiempo para rebajar la intensidad emocional que nos produce antes de actuar?…  y a continuación…  ¿actuamos? ¿Qué supone actuar cuando nos hemos enfadado con alguien? Con frecuencia, informar a ese alguien de forma adecuada (*) de cómo nos hemos sentido cuando ha hecho algo concreto.

En realidad ocurre que en muchos casos, no informamos, nos “tragamos” nuestro enfado, nos tragamos nuestra emoción… Y claro, “todo lo que hacemos y todo lo que no hacemos tiene consecuencias siempre primero para nosotros”: ¿Es posible que la próxima vez que ocurra eso que nos ha enfadado, nos enfademos más? ¿Es posible que ese enfado sea menos manejable que el primero? ¿Y si tampoco hacemos nada la segunda, ni la tercera, ni la “n” vez?

Culpamos a nuestras emociones de desbordarnos, de bloquearnos… pero si nos fijamos, ellas siempre vienen con buenas intenciones: informar y que hagamos algo… Si no hacemos nada… el mensaje que les estamos dando es… “hasta que no vuelvas con toda la artillería pesada, yo no me voy a dar por aludida…”.

Hoy te invito por tanto a escuchar a tus emociones, y a actuar… y si en el camino te surge alguna duda y quieres preguntar, puedes hacerlo abiertamente a través del blog, o privadamente en lolahernandez.coaching@gmail.com. ¡Gracias por tus aportaciones!

Aprovecho para contarte que todavía queda una plaza para el programa de desarrollo personal que empezamos la semana que viene en Múnich y que el mes que viene, disfrutaremos del taller de asertividad. ¿Más información? Pincha aquí

(*) Otro día os cuento sobre una herramienta que utilizamos en coaching – el Feedback –  para comunicarnos de forma adecuada cuando algo no nos ha gustado.

 


La segunda Emoción

 

Hoy quiero compartir unas nuevas reflexiones sobre Inteligencia Emocional. Releyendo a Norberto Levy esta semana, me volvía a encontrar con un concepto que merece la pena rescatar: nuestra reacción a las emociones que experimentamos, o como yo he titulado en el post “La segunda Emoción”.

Levy comenta que cada vez que experimentamos una emoción, la secuencia es más o menos así: ESTÍMULO – 1ª EMOCIÓN – 2ª EMOCIÓN, siendo esta última nuestra reacción, no al estímulo, sino a la propia emoción que experimentamos. Por ejemplo: uno puede ver cómo se aproxima un león a toda velocidad (vaaaaaaale, ya sé que es poco probable, da igual), la emoción que probablemente experimentará será miedo (bastante lógico, por cierto), a continuación, experimentará una respuesta emocional a esta primera emoción.

Si la 2ª emoción que experimenta es nuevamente miedo (como reacción al primer miedo) y este es muy intenso, es posible que se quede paralizado del terror, lo cual es ciertamente poco adaptativo y muy desaconsejable si buscamos sobrevivir a la experiencia. Una segunda emoción que nos apoyaría más en nuestra supervivencia sería una de cierto “alivio” por comprobar que nuestro sistema emocional está haciendo su trabajo y nos está protegiendo de un peligro real.

Coincido con Levy en que la naturaleza de esa segunda emoción, puede marcar la diferencia entre tener una respuesta adaptativa, una respuesta que ayude a resolver la situación, o por el contrario, una respuesta desadaptativa, y que lo que haga sea precisamente empeorar una situación de por sí ya un poco “delicada”, como puede ser esa visita inesperada.

Esta reflexión enlaza con otra que ya comenté en un post anterior, y que viene muy a cuento rescatar: cuando sentimos miedo, tristeza o nos enfadamos, es posible que tengamos un problema, si además, a continuación tenemos una segunda reacción de rechazo a esa primera emoción, es muy posible que tengamos dos problemas. Otro ejemplo: si me enfado y a continuación siento miedo por la interpretación que estoy haciendo de mi enfado, tengo dos problemas: el enfado y el miedo, y el segundo, no me va a ayudar a resolver el primero.

Hilando con el post anterior, os invito a trabajar el tema de dejar de juzgaros cuando experimentéis emociones “desagradables” y a empezar a dar la bienvenida al buen funcionamiento de vuestro sistema emocional, recordad que las emociones son nuestras aliadas y vienen con sanas intenciones, aprendamos a identificarlas, a leer en nuestro contexto qué información nos están dando y después a canalizarlas: expresémoslas, dejemos que se vayan, no nos aferremos a ellas, esa no es su misión. ¿Estás reteniendo alguna emoción del pasado? Suéltala y verás lo que es la libertad.

Si tienes cualquier duda, comentario o necesitas un poco de apoyo para mejorar tu gestión emocional, escríbeme a lolahernandez.coaching@gmail.com


Esto que siento… ¿es tristeza o es una depresión?

Este es el taller que vamos a impartir en Múnich el próximo sábado 4 de febrero, la Doctora Patricia Valenzuela, la Psicóloga Katia Pinal y yo, dando continuidad a una bonita trayectoria que iniciamos juntas en noviembre de 2011.
Hablaremos de lo banalizado que está el concepto de Depresión; verdaderamente hoy en día llamamos depresión a cualquier cosa, cuando en realidad, la depresión es una enfermedad muy seria, nada recomendable de padecer. Afortunadamente, podemos trabajar en su prevención y ese será uno de los aspectos que trataremos en el taller.

Aprenderemos a diferenciar la tristeza de la depresión y analizaremos la influencia de la Culpa en los estados depresivos, distinguiendo entre culpa sana y culpa insana.

Asimismo, bordeando la inteligencia emocional, veremos qué información nos da la tristeza, que no debemos asustarnos o avergonzarnos ante ella y qué podemos hacer para canalizar esta emoción básica, tan relevante para nuestra satisfacción con la vida.

Terminaremos revisando recursos y herramientas en los que de forma dinámica, tomaremos acción para canalizar la tristeza y prevenir el padecimiento de una depresión.

Toda la información la tienes en el pdf adjunto. Taller Tristeza ó Depresión

Como casi siempre nos suele ocurrir, las plazas son limitadas, por tanto, si estás interesad@ en asistir, no lo dejes para última hora… Gracias nuevamente por tu confianza y ¡Nos vemos allí!


Inteligencia Emocional en la Infancia

Aunque todavía tengo mucho que aprender con respecto a este tema, quiero compartir algunas reflexiones pues he recibido varias peticiones de los „leyentes“ relacionadas con él; entre ellos Jesús, Elena y MamaenMúnich (blog que recomiendo a todos los papás y mamás, tenéis el enlace a la derecha) echaban de menos información sobre la aplicación práctica de la Inteligencia Emocional con los niños.

Igual que como adulto necesitas dejar de juzgar y censurar las emociones que sientes, como primer paso en el desarrollo de tu inteligencia emocional, necesitas evitar juzgar las que sienten tus hijos, para que después ellos tampoco lo hagan…; en ese sentido, ayudaría evitar mensajes que asocien calificativos negativos a las emociones, del tipo “Dani ES malo porque se ha enfadado con su hermanita” o “ Toni ES un gallina porque le da miedo la piscina”.  Las emociones no califican a una persona por el mero hecho de sentirlas, son simplemente estados necesarios por los que todas las personas pasamos.

Si a los adultos nos cuesta identificar las emociones que sentimos, imaginad a los niños; ellos no saben que lo que sienten cuando les dejas solos en el cole es miedo, o enfado, cuando su amiguito les quita sus juguetes; explicarles lo que sienten les ayudará a conocer sus emociones, a verlas como algo natural y a tener en cuenta la información que les dan, para ir aprendiendo poco a poco a resolver las situaciones que se les van a presentar en la vida. Mensajes claros del tipo “María estás enfadada ¿verdad? ¿Cuéntame que ha pasado y así te ayudo a resolverlo?” son sencillos, clarificadores, no juzgan y ayudan al niño a pensar en alternativas.

Otra cosa que yo creo que ayudará a los niños a desarrollar su Inteligencia Emocional, será reconocer y hablar abiertamente con ellos de las emociones que experimentas como adulto; hemos aprendido que los niños son seres indefensos a los que hay que proteger y mantener aislados de nuestros problemas como adultos… Creo que si queremos educar a los niños, debemos compartir con ellos, con un lenguaje adaptado a su edad, los acontecimientos que vivimos y las emociones que experimentamos, de esta manera, “para Tina será fácil entender que Papa está triste porque tiene un amigo malito” o “que Mama se ha enfadado porque no ha hecho los deberes”.

Hay que permitir al niño expresar sus emociones, para que las canalice y ¿de qué forma se expresan los niños? Los cuentos, los dibujos y las pelis pueden ser buenas herramientas a su servicio (seguro que los que tenéis hijos conocéis muchas más… ; >), por qué no pedirles que nos cuenten si alguna vez han sentido tanto miedo como el niño del cuento, o que nos pinten cómo se han sentido esta mañana en el recreo, o qué está sintiendo el protagonista de la peli cuando….

Daniel Goleman en “Inteligencia Emocional” comenta un juego que puede ser muy interesante para los conflictos infantiles (y desde luego, también para los adultos…):

Sentar a los dos implicados e invitarles a escuchar a la otra parte sin interrupciones ni insultos (dando así a ambas partes la oportunidad de calmarse y expresarse); después, cada uno de ellos repite lo que ha dicho el otro verificando así que le ha escuchado y finalmente entre todos buscan soluciones creativas hasta dar con una, que se puede incluso firmar por parte de los dos”.

Para terminar, si como padre trabajas en desarrollar tu inteligencia emocional, tienes comportamientos asertivos, practicas la empatía y la escucha activa… es muy probable que tus hijos hagan lo mismo, pues como decía mi padre, los hijos son como “un mono de repetición”.

Ponte en contacto conmigo si necesitas trabajar alguno de estos aspectos, con unas cuantas sesiones de coaching puedes encarrilar el tema. ¡Gracias!


¡No te juzgues!

El sábado lo comentábamos con los “emocionados encantadores” que nos acompañaron a Gaby y a mí en el Taller de Emociones, y miraban con cierta sorpresa cuando les decía que las emociones tienen muy mala prensa.

Y es que sí, socialmente hemos aprendido que las emociones son algo malo, algo negativo de lo que nos pasamos la vida avergonzados, negándolas, ocultándolas, y sí juzgándonos cada vez que experimentamos una emoción.

Cuántas veces te has escuchado diciendo cosas como: ¿Enfadada yo? ¡No hombre! – eso es de gente con mala leche – ¿Miedo? ¡Qué va? – el miedo es de cobardes… – ¿Triste? No, yo no soy “una melancóoooolica depresiva”…

Por tanto, lo primero que hacemos es juzgar como algo negativo lo que estamos sintiendo; simplemente por el hecho de sentirlo, cuando en realidad es todo lo contrario: como comentábamos el sábado, las emociones son unas valiosas aliadas, pues nos informan sobre nuestras necesidades, sobre lo que es importante para nosotros y aumentan nuestra capacidad de adaptación, y por tanto, nuestras posibilidades de supervivencia ¡Ahí es nada!
Y nosotros nos pasamos la vida gastando muuuuuuuucha energía en disimularlas, en vez de canalizar esa energía hacia la solución de aquello que sea que esté relacionado con lo que estamos sintiendo.

En la Escuela (de Inteligencia) nos enseñaron que el problema es que confundimos SENTIR con HACER: una cosa es lo que sintamos, eso siempre es positivo y necesario… y otra muy diferente, lo que hagamos a continuación, podemos hacer algo que resuelva o algo que empeore la situación.

Lo cierto es que en ocasiones hemos asociado una emoción a una acción negativa, y el simple hecho de sentir la emoción ya dispara todas las alarmas. Por ejemplo: si cuando tengo miedo busco evadirme bebiendo, cada vez que tenga miedo voy a juzgarme pensando que otra vez voy a acabar escondiéndome detrás del alcohol, cuando lo más funcional sería explorar otras formas más adaptativas de ACCIÓN, cuando SENTIMOS miedo.

Como decía, sentir, siempre siempre siempre es positivo, lo que puede ser negativo (o no) es lo que hagamos a continuación, por tanto, espero que a partir de ahora cuando te escuches juzgándote por sentir una emoción, recuerdes esta reflexión… y lo mismo cuando te encuentres juzgando las emociones de los demás… pero como decíamos el sábado “eso ya es Inteligencia Emocional avanzada” ; >, primero trabajemos con nuestras propias emociones…

No dejes de preguntarme cómo te puede apoyar el coaching si necesitas desarrollar tu Inteligencia Emocional y por alguna buena razón, te estás atascando. ¡Gracias!