Sinvergüenza

Hoy quiero hablar de una emoción que muchos sentimos: la vergüenza, y para ello, voy a empezar apoyándome un poco en uno de los estupendos libros de Norberto Levy: La sabiduría de las emociones, el mejor libro de inteligencia emocional que conozco.

Levy habla de una vergüenza funcional y otra disfuncional. La primera, aparece cuando hemos cometido un error que, de alguna forma, podíamos haber evitado. Por ejemplo: llegar a dar una conferencia con una enorme mancha de chocolate en la camisa. En este caso, la emoción nos puede ayudar a ser más precavidos la próxima vez y quizá llevar un recambio preparado.

El otro tipo de vergüenza es disfuncional porque ante una situación vivida en el pasado, la emoción inhibe nuestra acción, limitando en gran medida nuestra espontaneidad, y con ello, quitándole una buena dosis de alegría a nuestra vida.

Como representa también con otras emociones, Levy nos cuenta que cuando se da este patrón, nos encontramos ante un “avergonzador interno” (un personaje que hemos interiorizado) y un “avergonzado”. Este avergonzador, se suele disparar especialmente, cuando tenemos un deseo de gustar, de destacar y/o de hacer las cosas bien. Es decir, cuando nos sentimos evaluados. Lo más perverso de esta dinámica, es que, con frecuencia, asociamos nuestra autoestima a nuestro desempeño, por tanto, cuando nuestro desempeño es mejorable, nuestra autoestima sufre.

Frente a este esquema, podemos poner en práctica algunas estrategias muy liberadoras (y esto nos quita un montón de presión que no nos sirve para nada bueno en la vida):

  • Alentar nuestro deseo de “protagonizar”, como traen los niños de serie. Sacar a ese payasete que todos tenemos dentro y dejarle disfrutar de cómo consigue la atención, al mismo tiempo que disfruta de un buen rato de diversión y juego.
  • De igual manera, en vez de sentir que “todo es un examen”, incentivar nuestro deseo de probar, experimentar, jugar, fallar y volver a intentarlo, como proceso natural y bienvenido de aprendizaje. Abrazar el error como parte del mismo, estamos aquí para disfrutar de la vida, no para ser perfectos (esto tampoco nos sienta bien…).
  • Estimular nuestro sentido del humor, entrenándonos en dar una respuesta divertida, ante nuestros propios errores. El objetivo no es hacer un buen chiste, sino relajarnos y aligerar un poco la situación, como aprendemos de Orestes en cada programa de Pasapalabra.
  • Trabajar en fortalecer nuestra autoestima, entender el valor que tenemos por nosotros mismos, por el hecho de SER y separarlo definitivamente de nuestro desempeño, que es otra cosa distinta.
  • No dar a nadie el poder de ofendernos, tampoco a nuestro avergonzador interno. Si yo soy consciente de lo valiosa que soy y de que la única persona en el mundo que me tiene que valorar, soy yo misma, automáticamente dejo de buscar la aprobación de los demás y de ser “ofendible”, como decía Gerardo Schmedling.

¿Qué te parece? ¿Te animas a practicar más tu lado sinvergüenza?

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Publicado por Lola Hernández

Psicóloga y coach afincada en Múnich (Alemania). www.coachingenmunich.com. Más info en este enlace: https://coachingenmunich.com/about/

6 comentarios sobre “Sinvergüenza

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