¿Has sentido alguna vez que te encontrabas atascado en la negatividad? Dificultades en casa, en el trabajo, de salud, miedos, cabreos crónicos o todo a la vez, pueden favorecer que, sin darnos cuenta, nos encontremos regando las semillas de la negatividad, como diría mi querido Gonzalo Brito. En ocasiones, simplemente estamos cansados o estresados, nuestra energía es baja y somos más fácilmente carne de cañón para la negatividad. Hay que recordar también que los seres humanos nacemos con un sesgo negativo porque se ha demostrado que evolutivamente nos protege de potenciales peligros.
Sea por la razón que sea, para los que os encontréis en esa negatividad, a continuación, quiero ofrecer algunas características que, a mi modo de ver, podría presentar un espíritu positivo:
- Sería despreocupado. Como dice mi querido y admirado Rafael Santandreu: naaaaaaaaaaaaada es taaaaaaaan terriiiiiiiiiiible. Podemos adquirir el hábito de preguntarnos con más frecuencia: realmente, esto que en este momento me tiene tan preocupada, alterada y/o enfadada… ¿es tan importante? ¿Cuánto tiempo voy a tardar en olvidarlo? ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Sería tan horroroso? ¿Podría superarlo? Y después de respondernos a todo eso, podemos rematar con un… ¿qué probabilidad hay de que eso ocurra? Algo me dice que, en la mayoría de los casos, responderás: pues tampoco sería para tanto, seguro que lo superaría y, además, es bastante poco probable que suceda.
- Confiado. A mí en estos casos me suele ayudar acordarme de las muchas cosas que ya he superado en mi vida. De esta forma, si vienen curvas, me siento preparada porque ya he pasado por cosas parecidas y sé que saldré adelante y más crecidita de la experiencia.
- Que suelta el control. Se apoyaría en la interesante creencia de que todo sucede como tiene que suceder y está bien, aunque yo no lo entienda todavía. Así como las creencias irracionales nos amargan bastante la existencia (algunas de ellas pueden ser: la vida es dura, todo el mundo va a lo suyo, no merece la pena luchar por conseguir lo que uno quiere…) es muy ilusionante pensar en la forma en que las creencias positivas nos pueden llevar por la vida (por ejemplo: todos tenemos un potencial increíble, estamos juntos en el mismo barco, confío en la vida).
- Que se desapega de los resultados deseados y de las expectativas (si sucede lo que me gustaría, qué bien, qué suerte, si no, bien también, tendría que ser así, o, como dice mi sabia madre… ¡qué le vamos a hacer!).
- Que acepta que cada uno es como es – y no nos tiene que gustar todo. Podemos distanciarnos un poco para ver al otro con perspectiva, y renunciar de una vez por todas a tratar de cambiar a nadie, ni decirle o esperar que alguien se comporte de otra forma diferente a como lo hace; es mejor y mucho más práctico protegerse uno y poner los límites que nos hagan falta cuando sea necesario, eso sí lo podemos manejar. Por ejemplo: si me estoy enfadando porque alguien me está levantando la voz, puedo valorar si merece la pena expresarlo (a lo mejor sí, por el efecto positivo que tendrá hacia mis emociones) y a continuación, si nada cambia, levantarme, despedirme con educación y salir de ahí para hacer algo bonito en un ambiente más agradable. Otra opción sería ponerme a chillar yo también y liarme a puñetazos, pero creo que eso no sería positivo…
- Que evita extremos en todos los sentidos; esto supone también de nuevo soltar y no aferrarnos a nuestras opiniones o emociones y – como dicen los budistas tibetanos – buscar el camino del medio en todo (ni calvo ni con dos pelucas…).
- Que te invita a sonreír (te); también cuando te mires al espejo y cuando hables con tu niña interior. Recordad que nos sienta muy bien y además nos sirve para engañar al cerebro, que, como ya he comentado alguna vez, tiene fama de inteligente, pero tan listo no es… el muy cándido, al vernos sonreír, piensa que todo va bien y se relaja – aunque nos persiga un banco de pirañas… ¡pruébalo la próxima vez…!
- Que está a tope con el humor. Trata de hacer (mentalmente al principio si quieres conservar clientes y amigos) chistes de todo y experimenta tu propia risa y sus efectos (otra vez el cerebro…).
- Que todas las noches escribe un diario con 3 agradecimientos, diferentes cada día. Con este juego, conseguimos materializar algo mágico contra la negatividad: nos entrenamos en fijarnos en todo lo positivo que ya hay durante el día en nuestra vida… ¡¡y son taaaaaaaaaaaaaaaantas cosas!!
Como nada de esto va a pasar simplemente por leerlo… te invito a seleccionar una de estas ideas, la que más haya resonado en ti, y a ponerla en práctica, a ver qué pasa cuando empezamos a entrenar activamente nuestro espíritu positivo.

