En la vida hay infinidad de situaciones sobre las que no tenemos ninguna capacidad de influencia. Esto es así. En unos casos, de repente, en otros, lo vamos viendo venir, en ambos casos nos encontramos con algo que no responde a lo que deseábamos y esperábamos, que contradice nuestras expectativas. Una persona que deja de estar en nuestro día a día, una situación que hace peligrar nuestro puesto de trabajo o los efectos del cambio climático, son todas situaciones que tienen en común que son no deseadas y, además, no dependen de nosotros.

Si lo pensamos un poco, ¿por qué tendría que ser de otra forma? ¿Dónde está escrito que las cosas tengan que ser como nosotros habíamos planificado? Si damos un paso atrás y le damos una perspectiva algo espiritual, podemos tomar conciencia de que hay una serie de leyes universales que rigen el orden del universo. Según estas leyes, sucede lo que tiene que suceder, cuando tiene que suceder y como ha de hacerlo, y está bien que así sea… ¿imaginas cómo sería que todos pudiésemos cambiar ese orden establecido a nuestro antojo? Seguramente un desastre… ¿verdad? En vez de rechazar esa pérdida, esos problemas en el trabajo o los efectos climáticos, ¿cómo sería simplemente aceptarlos? Porque lo contrario, apegarnos a nuestros planes, tener expectativas sobre cosas que dependen de otras personas o de otros fenómenos, esperar que se cumplan, y disgustarnos muchísimo enfrentándolos de plano cuando no lo hacen, es una garantía segura de sufrimiento.
Poner el foco de atención, sin embargo, en lo que sí depende de cada uno de nosotros, en lo que sí podemos hacer y apresurarnos en retirarlo, tan pronto nos demos cuenta de estar fijados en todas esas cosas que escapan a nuestro control, puede ser una estrategia mucho más práctica y madura. Yo no puedo terminar la guerra en Ucrania o en Gaza, pero sí puedo ayudar a los refugiados que están aquí, por ejemplo, con el idioma o apoyándoles en algún tema práctico, y, además, puedo valorar la suerte que tengo de vivir en un país en paz, y disfrutar del día, eligiendo mantener la paz con las personas con las que yo sí me relaciono.
¿Y cómo se hacía eso de aceptar? Recuerda: respirando profundamente y abdominalmente esa situación difícil externa, hablar o escribir sobre las emociones que te genera, y dotando a tus músculos de un tono blandito para rendirte a ellas mientras, como dice la canción, coreas y que seeeeeeeeeeeeaaaa lo queeeeeeeeee seeeeeaaaaa.
¡Ah! Aprovecho para recordarte que en mayo hemos empezado con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online – ¡¡el 12º!! – y todavía tenemos una plaza disponible. ¿Te apetece probar? ¡No dudes en pedir info! Por cierto, aunque todavía falta “un poquito” en noviembre nos veremos en el taller sobre comunicación asertiva: ¡Habla bien!
