Un gran tema para todos los que vivimos en Alemania “trasplantados” de otros países, es la familia. Podemos distinguir entre la familia que hemos creado nosotros, la familia política – muchas veces alemana – y nuestra familia de origen… ¡total nada! Es un tema que da para mucho y hoy me voy a centrar en algunos aspectos de las relaciones con la familia política y con la nuestra de origen.
Con los de aquí
Con las familias políticas alemanas, encuentro que, en ocasiones, se dan situaciones frustrantes derivadas de la comunicación en alemán, las diferencias culturales, los roles que asumimos y las dinámicas familiares… un cuñado que quiere tomar más decisiones de las que le corresponden, malentendidos, diferentes necesidades a la hora de gestionar el tiempo que pasamos juntos…
Para afrontar con una buena actitud – que ya sabemos que esa sí la elegimos nosotros – estas situaciones, podemos tratar de ajustar expectativas, comprendiendo que no todo el mundo es capaz o está dispuesto a hacer el esfuerzo de comunicarse con una persona que no habla perfectamente su idioma materno y que viene de otra cultura. A veces no queda más remedio que aceptarlo. Eso va a influir en la calidad y la cantidad de nuestros encuentros, sí. ¡Y no pasa nada! Lo bonito es buscar un término medio que sea agradable para todos, o al menos, para una misma. Por ejemplo: podemos ponernos el límite de pasar un número máximo de noches con la familia política, definiendo así un espacio de tiempo en el que seguramente seremos capaces de mantener nuestra paz y ser personas amables.
También encuentro muy necesario expresar a nuestra pareja lo que a nosotros nos gustaría hacer, cómo nos sentiríamos más a gusto, qué necesidades tenemos y utilizar más el feedback y menos el reproche y el juicio. No es lo mismo decir: cuando tu prima me interrumpe me siento incómoda, que decir, tu prima es una bruja despreciable y estoy hasta las narices de ella…

Con los que se quedaron allí
Ya no somos las personas que se fueron y ellos tampoco son los que se quedaron. Los años, las vivencias – no siempre fáciles – y las diferencias culturales han dejado una huella en todos nosotros y esto se va a sumar al desconcierto que muchas veces se produce en nuestros reencuentros, tan esperados, por una parte, como estresantes, por otra (para ellos y para nosotras).
Una vez más, verbalizar todo esto puede ser de gran ayuda. Podemos poner en palabras lo que suele suceder en estas situaciones. Por ejemplo, antes de ir, o cuando ya estemos allí, podemos expresar: papi, ya sé que te encantaría que pasáramos un montón de tiempo juntos haciendo cosas y contándonos batallitas; para mí estar allí ahora es un poco diferente, seguramente me veas un poco desubicada por el entorno cultural y la vida tan diferente que tengo actualmente en Alemania. Además, ahora soy más mayor y tengo más responsabilidades. Me hace mucha ilusión estar contigo y, al mismo tiempo, el viaje, y todo lo que supone, es estresante para mí, como seguramente también lo es para ti. ¿Qué te parece si rebajamos un poco las expectativas? No pasa nada si en algún momento nos sentimos incómodos, o si no nos da tiempo a hacer todo lo que nos gustaría. Vamos a respetar un poco los espacios y necesidades de cada uno y si surgen conflictos, vamos a tomarlo como algo natural… ¿te parece?
Por otra parte, en la distancia, nos encontramos con la duda sobre si compartir con los de allí nuestros estados de ánimo, especialmente cuando estos no son muy floridos. En mi opinión, salvo excepciones, creo que es positivo hablar sobre todas las situaciones que vivimos. No hace falta estar dos horas hablando de nuestros problemas, como tampoco nos gustará que nos cuenten tan profusamente las penas ajenas; sí creo que debemos compartir las situaciones que vivimos y mencionar nuestros estados de ánimo. De no hacerlo, dejamos muy abierto el ya muy abierto campo de las interpretaciones y el montaje de películas… En asertividad, comprobamos que, frente a los mensajes sutiles, lo mejor es la comunicación directa y clara. Asimismo, creo que es importante y asertivo que, al igual que queremos conocer las situaciones que están viviendo nuestros seres queridos, pongamos encima de la mesa las nuestras.
Aprovecho para recordarte que en enero empezamos con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online, en los que investigamos, entre otras, esta temática, ¡y todavía nos queda una plaza libre! No dudes en pedir información. Por otra parte, en octubre nos veremos en el taller: Fortalece tu autoestima, presencialmente en Múnich.
