Yo creo que todos los que nos hemos relacionado alguna vez con niños, adolescentes, e incluso personas mayores, nos hemos podido dar cuenta, de que en algún punto, adoptamos un rol un poco “por encima”, como si fuésemos en cierta medida superiores y eso nos capacitase para, llegado el caso, imponer nuestro punto de vista, pues después de todo “yo soy la adulta”. Y sin embargo… que nosotros seamos los adultos ¿significa realmente que somos superiores? Es cierto que, como adultos, frente a niños y adolescentes tenemos un grado mayor de responsabilidad, ¿pero eso nos da derecho a imponer nuestro modo de ver? Seguramente, en ocasiones, no nos va a quedar más remedio, pero quizá sería bueno que esta no se convirtiese en la forma habitual de relacionarnos, pues a la larga, podemos fomentar mucho rencor, frustración y baja autoestima; además, cuando de educar se trata, sabemos que lo que funciona es precisamente dejar espacio para que sean ellos los que asuman las responsabilidades que sean capaces de asumir, en cada etapa de su vida.

Para fomentar, por tanto, una forma más asertiva de relacionarnos también con los más jóvenes, comparto a continuación algunos ejemplos.
- Con niños, podemos expresarnos en términos de “Mis necesidades y tus necesidades”. Por ejemplo: Sé que quieres que juguemos con los cochecitos, pero ahora tengo que ir al baño y luego hacer la cena, puedes jugar tú y después de cenar, jugamos juntos (aplazamiento asertivo).
- Dado que yo tengo la responsabilidad de la gestión del tiempo y sus prioridades, podemos hacer una propuesta de reparto de tareas: Por ejemplo: a mí también me apetece que demos una vuelta, pero pronto tendremos hambre y necesito tiempo para preparar la comida (verbalizamos lo que estamos pensando). Mientras yo preparo la comida, tú puedes hacerle, sí quieres, un dibujo a la abuela.
- Ser adulto no significa ser un superhéroe. Podemos educar ya desde niños en que ser falible está bien. Por ejemplo: Ahora necesito descansar. Vamos a jugar un rato a cerrar los ojos sin hacer ruido. Vamos a jugar un rato en silencio a respirar.
- Frente al “no porque lo digo yo, que soy tu madre/padre”, a todos nos gusta que nos den alternativas. Por ejemplo: Ahora voy a hablar con Pepita. Más tarde me cuentas eso cielo (otro maravilloso aplazamiento asertivo) puedes aprovechar para jugar con tu osito. En general sustituir un no por una alternativa y/o un aplazamiento: Ahora no es un buen momento para hacer esto, pero puedes hacer esto otro.
- Ser coherentes. Podemos poner en palabras nuestras emociones y las consecuencias de su comportamiento. Por ejemplo: cuando no recoges tus juguetes, me pongo de mal humor y luego no te voy a dejar elegir el cuento que te voy a leer. Otro ejemplo: Cuando te pones a discutir y a chillar, me enfado y cuando me enfado, no tengo ganas de preparar una cena rica, te tendrás que conformar con una menos rica.
- Ser asertivos nosotros para que se contagien de nuestro ejemplo.
- Modelar también que somos personas asertivas y como tales, también cometemos errores. Podemos disculparnos si nos corresponde, no pasa nada. Si por ejemplo hemos levantado la voz puntualmente.
- Con adolescentes y jóvenes, podemos negociar, a su nivel, el reparto de tareas. Por ejemplo: ¿Te parece si te ocupas tú de poner la mesa mientas yo me ocupo de la cena? Así cenamos antes, ¡que ya hay hambre! (petición asertiva señalando el beneficio mutuo)
- Dejar elegir. Por ejemplo: ¿Qué prefieres, ocuparte de jugar con tu hermana pequeña o limpiar el baño? ¡Tú eliges!
- Más elecciones. En vez de “¿¡quieres dejar ya de una vez el p… teléfono!?”: ¿Cuánto tiempo quieres estar con el teléfono? ¿Cómo te vas a sentir si sigues? Yo me siento estresada y sobrecargada cuando paso demasiado tiempo con el móvil. ¿Has pensado qué te apetece hacer después?
Una vez más, aprovecho para contaros que en diciembre seguimos con nuestros encuentros mensuales online (por cierto, somos todas PAS…) y que en febrero nos veremos en Múnich en la 7ª edición del taller Mi amigo el miedo. Reserva tu plaza ahora que todavía queda alguna… 😉

Genial entrada, Lola!
Muchas gracias!