En las situaciones en las que una persona comparte sus problemas y emociones difíciles con nosotros, tener empatía es un gran recurso, muy necesario, por cierto, en los tiempos que corren, si bien, en ocasiones, algunas personas tenemos tanta que se puede acabar convirtiendo en contagio emocional y nos podemos llegar a sentir desbordados. Estoy pensando, especialmente, en las PAS, las personas altamente sensibles, que fácilmente nos sentimos sobrecargadas especialmente con el contenido emocional que captamos en nuestras interacciones sociales, si bien es una situación por la que todos podemos pasar en algún momento.
Aquí hay que recordar que la primera responsabilidad la tenemos siempre hacia nuestra propia persona, hacia nuestro bienestar físico y psicológico y que debemos protegernos, si es necesario, para cuidarnos. No aporta nada a nadie que nosotros nos sintamos sobrepasados por las emociones externas. Tengamos presente el paradigma de la asertividad, entonces. Según esta perspectiva, la persona que nos está contando sus problemas tiene derechos y necesidades, de la misma forma, nosotros también, y son al menos tan importantes como los suyos.

Como sé que esto no siempre nos resulta fácil, comparto a continuación algunos recursos que podemos poner en práctica en esos momentos.
En esas situaciones en las que sintamos que nos estamos empezando a desbordar, podemos permitirnos dar un paso atrás, tratar de no involucrarnos emocionalmente, poner cara de póker y utilizar técnicas como retirar el contacto visual o enfocarlo en el espacio que hay entre las cejas o entre la nariz y los labios de nuestro interlocutor. Otro recurso que nos puede venir muy bien en ese momento es cambiar de tema, llevar la atención del otro hacia un tema más neutro o positivo (recuerda: “tú tienes necesidades, y yo también…”). Hay formas asertivas de poner límites, amables pero firmes, en las que nos podemos apoyar. Por ejemplo, si una persona se está extendiendo con mucha profundidad e intensidad en la información emocional que nos está transmitiendo, podemos abierta y asertivamente expresar algo así: Mira Antonia, discúlpame, comprendo que lo estás pasando muy mal con esta situación, eres mi amiga y te quiero apoyar, pero en este momento no puedo con tantas emociones. A lo mejor te puedo ofrecer distraernos con otro tema o actividad, para tratar de salir un rato de esa preocupación.
Para más formas de poner límites, os remito, por ejemplo, a una lista de distribución sobre asertividad que tengo en YouTube.
Según la teoría de la personalidad del eneagrama, los que somos “un Dos”, hemos desarrollado una personalidad ayudadora que nos hace más proclives a encontrarnos en este tipo de situaciones. En estas circunstancias, es frecuente que hayamos acostumbrado a las personas de nuestro entorno a contarnos tooooooooodos suuuuuuuuuuuuuuus probleeeeeeeeeeeeeemas. Una forma de darle la vuelta a esta dinámica es, cada vez que alguna de estas personas empiece con su turra, sonreír, hacer un gesto con la mano para pedir la palabra y comentar algo como: Hortensia, para un ratito que nos vamos a ver, ¿qué te parece si nos contamos cosas más bonitas? Y a continuación, tener preparado algún tema que nos conecte con la belleza de la vida. También para los “Doses”, especialmente para los que además somos PAS, recomiendo mucho practicar una cosa que no solemos hacer: hablar del tiempo… sí, somos profundos y nos gusta la intensidad, pero nos cansa una barbaridad. Nunca es tarde para cultivar un lado algo más superficial, en el que tengan cabida el humor, la gastronomía y la naturaleza, pongamos por caso. ¡Ah! ¿Y sabéis qué? Aunque no lo creáis, podemos permitirnos no preguntar a todo el mundo… ¿qué tal? Es legítimo… Podemos sustituirlo por algún comentario intrascendente sobre el contexto como “¡qué bonito es este sitio!” o “¡cuánta gente hay!”, para romper el hielo y después pasar a cualquier otro tema.
¿A todo el mundo le va a gustar nuestra forma de llevar la conversación? Seguramente no, pero eso no depende de nosotros y, además, no es necesario, lo que sí es necesario es que conservemos nuestra salud de la mejor forma posible.
Si, por lo que sea, no has podido parar una descarga de emociones difíciles sobre tu persona, date espacio después para poner en práctica alguna actividad física – un paseíto, un poco de yoga… -, relajante – unas respiraciones, una meditación – y/o afición, que te ayuden a restaurar esa energía que has perdido y a evitar hacer un análisis profundo de toda la información recibida.
¡Ah! Aprovecho para recordarte que en enero empezaremos con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online – ¡¡el 12+1º!! – y todavía tenemos plazas disponibles. Si te apetece probar, no dudes en pedir info. Por cierto, en noviembre nos veremos precisamente… en el taller sobre comunicación asertiva: ¡Habla bien!
