Las relaciones humanas son maravillosamente complejas y muy necesarias, por cierto, para nuestro desarrollo personal. Crecer requiere conectarnos con otras personas, salir del aislamiento de nuestra cueva particular. Y es en ese viaje en el que, a veces, sentimos que otras personas nos pasan por encima.
En nuestras relaciones personales, se dan dinámicas, y en ellas, asumimos roles. Podemos haber aprendido a asumir roles más proactivos, más asertivos o más sumisos, en función de muchos parámetros y circunstancias. Hoy me quiero dirigir especialmente a aquellos de nosotros que hemos adquirido roles sumisos, de inhibición de nuestras opiniones y necesidades.
Cuando nos encontramos en un rol inhibido, tendemos a dar prioridad a las necesidades de las personas que hay a nuestro alrededor, vamos por la vida tratando de no molestar, no llamar la atención y no hacer ruido. Si nos preguntan por nuestra opinión, contestamos con un “me da igual”, “lo que tú quieras” o tratamos de adivinar lo que esa persona desea para adaptarnos a su parecer.
Ir por la vida ocultando nuestras necesidades, a corto plazo nos puede ahorrar conflictos, sí, pero a medio y a largo plazo va a generar conflictos interiores y va a provocar otros aún mayores con las personas con las que nos relacionamos.

¿Qué hacemos? En primer lugar, recordar que los conflictos son algo natural y parte de cualquier relación sana. Somos personas distintas, con necesidades diferentes y opiniones diversas, por lo que es completamente esperable que surjan formas diferentes de ver la vida. Algo muy importante que nos corresponde especialmente a los sumisos tener presente, es que nosotros somos los únicos responsables de ocupar nuestro espacio en el mundo, de expresar lo que necesitamos y de poner encima de la mesa nuestras opiniones. Nadie más va a hacerlo por nosotros… Nuestra primera obligación es para nuestro autocuidado. La buena noticia es que, para expresarnos, disponemos de un montón de recursos de comunicación asertiva que funcionan muy bien si los utilizamos. En ocasiones vamos a tener que repetir las cosas muchas veces, tal vez no obtengamos muchos resultados externos, es posible que, incluso, la persona con la que nos comuniquemos se sienta molesta por lo que estamos diciendo, y nada de eso va a ser una razón para que dejemos de hacerlo, de expresarnos y de ocupar nuestro lugar en el mundo.
¿Por dónde empezamos? Por personas menos importantes… los miuras del trabajo o de la familia, vamos a dejarlos para un poquito más adelante…
Aprovecho para recordarte que en julio empezaremos con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online, en los que investigamos, entre otras, esta temática, ¡y todavía nos queda una plaza libre! No dudes en pedir información. Por otra parte, en octubre nos veremos en el taller: Fortalece tu autoestima, presencialmente en Múnich.
