¿Jugamos?

Antonio se sentía satisfecho con su vida. La compartía con una buena compañera, Paula, había conseguido tener éxito en su profesión y se sentía afortunado por tener a Pablo, su hijo de 7 años.

La felicidad, la salud y el futuro de Pablo eran lo más importante en la vida de Antonio, más incluso que la relación con su mujer.

Invertía mucho tiempo en cocinar para que Pablo creciera sano y fuerte, en trabajar para que no le faltara de nada, en su educación… pero algo fallaba en su vida y en la relación con el niño: cada tarde, al recogerle del colegio, el niño salía pletórico, pero al encontrarse con él, ponía cara de fastidio.

Antonio reflexionó mucho sobre aquello y se dio cuenta de que se ocupaba de hacer muchas cosas productivas, pero se olvidaba de disfrutar, de jugar, no solo con el niño, también él solo y con Paula.

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Así que un día decidió probar algo nuevo. Salió un poco antes del trabajo y se fue a dar un paseo por el parque, por el simple placer de hacerlo, sin aprovechar para ir a hacer la compra… Luego esperó a Pablo en la puerta de la escuela, con una bolsa de gusanitos – vale… no era la opción más sana, pero al niño le encantaban y de vez en cuando se podía hacer un exceso.

Al llegar a casa, apagó el teléfono y en contra de sus costumbres, aquel día no encendió ni el ordenador, ni la radio, ni la televisión; como estaba algo cansado, le dijo al pequeño: cariño, ¡vamos a jugar a respirar! Se tumbaron juntos en el suelo y estuvieron un rato jugando a respirar, solo respirar.

Después le dijo al peque: hoy los deberes van a ser jugar. ¿A qué quieres jugar tú ahora? Pasaron un rato jugando a las tiendas. Pablo disfrutaba de lo lindo envolviendo libros en papel de periódico y cobrando a su padre.

Paula solía volver más tarde del trabajo, así que jugaron a poner la mesa y a preparar algo sencillo para cenar.

Cuando el niño terminó de cenar, jugaron a leer un cuento y Pablo se quedó dormido manteniendo la sonrisa que, en esta ocasión, le había acompañado toda la tarde.

Después Antonio siguió jugando… a disfrutar de una copa de vino con su mujer, de leer algo divertido.

A la mañana siguiente, al despertar a Pablo, este le dijo: Papi, ¡qué ilusión cuando me vengas a buscar esta tarde al colegio! ¿Jugamos otra vez?

Aprovecho para dejarte el enlace con los talleres programados en Múnich… ¡por cierto! El sábado jugaremos a gestionar el tiempo contra el es3 😉


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