Y mi gato… ¿qué haría?

¡Hola! Hoy quiero compartir un momento de lucidez que he tenido esta mañana tras leer este maravilloso artículo de Borja Vilaseca, extraído de su libro: “El sinsentido común”.

Nos habla de una teoría de Friedrich Nietzsche sobre los estados evolutivos del hombre. Muy resumidamente, vendría a decir que pasamos por un primer estado – extremo, el camello u oveja, según el cual somos miembros de una especie de rebaño, aprendemos sus normas sin cuestionarlas y hacemos lo mismo que todo el mundo para tratar de ser “normales”, aunque esto no nos haga precisamente felices. Después pasamos a otro estado – extremo, el león, que desafía todo lo aprendido, empieza a disfrutar de su soledad y a crear su propia escala de valores; lo malo del león, es que como aún se siente inseguro, se muestra arrogante ante los que piensan de forma diferente a la suya y está en contra de todo, básicamente. Finalmente, y aquí llego, abandonamos los extremos y avanzamos hasta el estado evolutivo del niño. Cuando estamos aquí, nos relacionamos con nuestro entorno desde la paz, la asertividad y la humildad, ya no sentimos la necesidad de luchar contra él; no hay nada que cambiar fuera, el auténtico cambio empieza en nosotr@s. Nos sentimos agradecidos con la vida, aprendemos de todo y de todos, aceptamos las cosas tal y como son, y comprendemos que todo está bien como está. Somos como los niños, que juegan, que viven intensamente el momento presente y que disfrutan por el simple hecho de estar vivos. Los que tenéis hijos, por tanto, tenéis la oportunidad de aprender de ellos, de ver cómo enfocan la vida y rescatar por el camino a vuestr@ niñ@ interior, que sigue ahí siempre…

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Los que no tenemos niños, en ocasiones tenemos la posibilidad de hacer ese recorrido a través de nuestras mascotas. Yo tengo la suerte de tener a mi lado a Jaguar, mi gato – aunque él cree que es un perro, o al menos se comporta como tal… 😉 – y aunque él no lo sabe, es un auténtico maestro: él sabe lo que quiere, sabe pedirlo, tiene paciencia para esperar el momento oportuno para hacerlo; si llega alguien nuevo le recibe “a la española”: con apertura y confianza (para él todo el mundo es bueno hasta que no se demuestre lo contrario; y si se equivocan con él, sabe perdonar sin rencor – aunque guarda un poco las distancias -). Si se encuentra con un nuevo gato, reacciona “a la alemana”: con reservas al principio, algún zarpazo si se toman muchas confianzas con él, y alegría total después… juegos, cariños, risas y cachondeo sin límites. Si algo le parece bien, lo expresa, si le parece mal, también… Si le gusta la comida, la devora, si no le gusta, la ignora. Se adapta al entorno: si hay cachondeo, participa, si hay paz, duerme. Agradece todo, sin límites y expresa su cariño, sin fin… No piensa en el futuro, tampoco en el pasado, sólo vive el presente con intensidad. Creo que sí, a partir de ahora, cuando me encuentre ante alguna de esas circunstancias que se presentan en la vida y con las que no sé cómo lidiar, me voy a preguntar… y mi gato… ¿qué haría?

Aprovecho para desearte que pases un estupendérrimo 2019 y unas buenas Navidades. Y si quieres consultar los planes que tengo para 2019, aquí te dejo un enlace al calendario de talleres y grupos de desarrollo personal… ¡hasta el año que viene!


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