¿Estamos sobrerelacionados?

Yo creo que sí.

Es verdad que la vida social nos aporta mucho, que nos desarrollamos en buena medida a través de las relaciones que tenemos, que nuestro crecimiento personal en gran parte es el resultado de experimentar, convivir y superar situaciones a veces complejas con otras personas, y a pesar de todo, yo sigo pensando que estamos sobrerelacionados.

Cuando digo esto, no estoy pensando tanto en las relaciones de calidad, de profundidad, en los pequeños grupos de convivencia, o cuando quedamos a tomar algo con uno o un pequeño grupo de amigos; cuando digo esto me refiero más a esos momentos en los que estamos rodeados de gente, pero en el mejor de los casos, nos estamos comunicando de forma superficial. En esas situaciones, estamos rodeados de “ruido”, de gente, pero realmente estamos emocionalmente desconectados de esas personas.

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Hay que tener en cuenta también los aspectos culturales: los hispano-mediterráneos somos muy gregarios, estamos acostumbrados a estar en contacto con mucha gente, rodeados de grupos grandes de personas y, con ello, tachamos rápidamente de “raros” a los que buscan pasar tiempo en soledad. Parece que si no tienes cada hueco de cada día de la semana ocupado con algún encuentro social, eres una “seta”. Además, tenemos la capacidad de hablar todos al mismo tiempo y participar en más de una conversación a la vez… ¿verdad?  Los que hemos tenido la oportunidad de conocer culturas del norte de Europa, vemos que aquí también hay encuentros sociales multitudinarios, pero se cultiva más la introspección y las relaciones en grupos más pequeños, lo cual, no deja de tener su encanto.

Por si esto fuera poco, hoy en día nos relacionamos también en paralelo de forma digital. Al mismo tiempo que estamos hablando con alguien en directo o telefónicamente, es muy frecuente que estemos recibiendo y contestando mensajes instantáneos… y no estamos preparados para tanto estrés, para recibir tanta estimulación al mismo tiempo. Hace poco alguien comentaba que nuestro cerebro está adaptado al ritmo analógico, y todavía va a necesitar bastante tiempo para adaptarse a esta digitalización vertiginosa que estamos viviendo.

La experiencia me dice que nuestro bienestar pasa por fomentar más los momentos de conexión real con otras personas, y por supuesto individualmente, con nosotros mismos, al mismo tiempo que reducimos el ruido ambiente.

Una vez más, creo que menos es más: más tiempo de calidad, menos cantidad de tiempo, con menos personas cada vez y más despacio, en vez de esta locura colectiva que hemos dado por normal, porque “como todo el mundo lo hace…” ¿verdad?

Así que si quieres reducir tu nivel de estrés y con ello, entre otras muchas cosas, dormir mejor y experimentar un mayor bienestar, te invito a cultivar más tu relación contigo mism@, y las relaciones íntimas con otras personas. Y por supuesto, no dejes de saltarte algún “sarao”, no pasa nada, ya irás al siguiente… 😉

Aprovecho para comentar que en un par de semanas, nos veremos en directo y online con el taller para PAS (personas altamente sensibles), así que si eres muy sensible o conoces amiguit@s que lo sean, apresuraos a reservar vuestra plaza.

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