¿Mejor no digo nada?

 

Seguro que a ti también te ha pasado: tienes un buen amigo al que te une una relación grata, le aprecias y disfrutas de su compañía. Un buen día tu amigo comete una equivocación y tú te sientes disgustad@.

A veces hacemos clasificaciones erróneas de las personas; por la razón que sea, has aprendido que hay buenas y malas personas y según vas conociendo a aquellas con las que te relacionas, las metes en un grupo o en otro: “con este chico cuidadito”, “esta chica es muy maja”, “con Pepita, ummmm, todavía no sé”…

Y ¿qué ocurre cuando una persona del grupo de “las buenas” comete un error? Personalmente, en esas ocasiones, solía alterarme bastante; no entraba en mis esquemas mentales que “fulanita a la que yo quiero tanto, haya hecho esto, ¡¡¡¿¿pero cómo es posible??!!”; me debatía entre decir algo o no, porque al fin y al cabo “se tiene que haber dado cuenta ella también” y pensaba “si se lo digo, se va a enfadar y entonces a lo mejor me enfado yo más o rompe nuestra relación” y en los “y sis….” me enredaba y me quedaba dejándolo pasar, y si pasaba mucho tiempo, a lo mejor no volvíamos a recuperar una relación que había sido buena hasta ese momento, y todo… simplemente POR NO HABLAR LAS COSAS.

imagenAquí vuelve a aparecer el aprendizaje que muchos compartimos de “los conflictos son malos y hay que evitarlos; y además las buenas personas no se enfadan”. ¡Afortunadamente ya sabemos que podemos desaprender y volver a aprender!

Me he dado cuenta con el tiempo, que con frecuencia, las personas con las que más conflictos tengo son las personas a las que más quiero y con las que he construido relaciones más sólidas. Hoy quiero compartir este aprendizaje: merece la pena decir con respeto (y a ser posible con un poquito de cariño) lo que pensamos cuando algo no nos ha parecido bien, cuando algo nos ha molestado y tanto más cuanto más valoramos la relación que tenemos con esa persona, porque los conflictos resueltos son los que refuerzan los lazos. Para ello, en coaching utilizamos mucho una frase mágica: “cuando has hecho X, yo me he sentido Y”, sin juzgar, sin calificar, sin justificarnos, porque te quiero, quiero que sepas…


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