En esta ocasión, nos vamos a centrar en un tema que se suscitó, nuevamente, en el seno de nuestro interesante grupo mensual online. Cuando comentamos los temas a incluir en el nuevo semestre, se habló de la necesidad de adquirir herramientas para apoyar a los hijos, a la pareja, a las personas cercanas, en definitiva, ofreciendo opiniones e ideas, evitando imponer puntos de vista y favoreciendo, al mismo tiempo, la asunción de responsabilidades por parte de estas personas.
“Causalmente”, como la vida está llena de misteriosas sinergias, hace poco escuché un post sobre el sabio pensador colombiano, Gerardo Schmedling, compartiendo precisamente algunas ideas exactamente sobre el mismo tema. Son tan buenas, que no me resisto a compartirlas.
Cuando una persona de nuestro entorno comparte con nosotros un problema, en vez de lanzarnos a decirle lo que tiene que hacer (y en algunos casos, incluso emprender nosotros directamente alguna acción para resolverlo) Schmedling habla de tres poderosas preguntas que le podemos hacer:
- ¿Cómo has llegado a esta situación?
- ¿Qué has aprendido de lo que ha pasado?
- ¿Qué puedes hacer la próxima vez para evitar que vuelva a suceder?
Me encantan estas preguntas porque ponen el foco de atención en lo que la persona afectada puede hacer, no en lo que “le hayan podido hacer” otras personas. Fijaos que, por tanto, es un enfoque totalmente proactivo y alejado del corrosivo victimismo.

Si, después de hacerle estas preguntas, una a una, la persona sigue demandando nuestro apoyo, podemos ayudarle en el proceso reflexivo necesario para responderlas. Schmedling utiliza el ejemplo de un niño que, jugando a la pelota, rompe un jarrón; al hacerle estas preguntas, el niño puede tomar conciencia de que probablemente es más seguro jugar a la pelota en el parque, que un jarrón es un objeto frágil y que el próximo día que esté en casa, puede jugar mejor a otro juego que no ponga en peligro los objetos de la casa.
Por otra parte, cometer errores no es malo en sí mismo, es necesario en el proceso de aprendizaje de cualquier cosa en la vida: establecer relaciones, conducir, trabajar, educar… creo que nos haría mucho bien a todos empezar a acoger los errores de otra forma, todos somos humanos y necesitamos hacer las cosas (en ocasiones, muchas veces…) mal para aprender a hacerlas bien.
Y, además, en ese tipo de circunstancias, Schmedling nos invita a no asumir los errores derivados de las decisiones de otros (por ejemplo, ayudar al niño, pero que sea él el que aprenda a recoger los trozos del jarrón), no hacer por otro lo que él puede hacer, y entender que regañar, agredir, castigar, culpar, juzgar, en cualquiera de sus formas, nunca va a ser positivamente recibido, y puede tener incluso efectos más perjudiciales. Si, por ejemplo, cada vez que cometo un error me cae una bronca, seguramente voy a aprender a mentir para evitarlo y no voy a asumir mi error, ni voy a aprender nada de él. Voy a aprender, al contrario, que lo malo de cometer errores, no es el hecho en sí mismo, sino que se sepa. ¿Os suena esto?
¡Ah! Aprovecho para recordarte que en enero empezaremos con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online – ¡¡el 13º!! – y todavía tenemos 2 plazas disponibles. Si te apetece probar, no dudes en pedir info.
