Todos los que vivimos en un país que no es el nuestro, lo sabemos: la distancia es especialmente difícil cuando hay duelos por pérdidas o enfermedad, que ya no permiten a nuestros seres queridos tener la autonomía que tenían antes. Los que estamos lejos, podemos recibir una percepción de abandono, más o menos explícita, por parte de lo que están allí y eso hace que aflore rápidamente la culpa. Sentimos que hemos contraído una deuda, que las deudas hay que pagarlas y no importa cuánto tiempo estemos allí, ni con cuánta frecuencia, el mensaje que nos puede llegar es que nunca es suficiente.
Estas dinámicas pueden ser muy dañinas, por eso es importante que, si se dan, las identifiquemos lo antes posible y, las desafiemos, si es necesario, con ayuda profesional. Desde mi punto de vista, todos tenemos derecho a recorrer nuestro camino de la mejor forma posible, con las cartas que nos va dando la vida. Además, el cuidado de los mayores y de los enfermos, es una responsabilidad que, idealmente, tendría que ser compartida entre todos los miembros de la familia y no recaer, como tristemente suele suceder, sobre una sola persona, que suele a su vez terminar cayendo enferma por agotamiento.

La distancia física es diferente a la distancia emocional. Afortunadamente, podemos estar emocionalmente muy cerca, aunque físicamente estemos lejos. ¿Cómo?:
- Ofreciendo escucha activa y atención de calidad.
- Transmitiendo cariño e interés sincero, en vez de hacer las cosas “por cumplir”. Aquí también sirve eso de que menos, es más. Siempre lo digo, la calidad del tiempo que pasamos juntos es mucho más importante que la cantidad de tiempo compartido.
- Respetando las decisiones que ellos tomen en sus procesos, aunque no siempre estemos de acuerdo.
- Compartiendo alegría, humor y cariño. Ayudando a nuestro familiar a reconectar con el lado bonito de la vida, valorando y recordándole sus habilidades y enseñanzas.
- Ayudando a cambiar el foco de atención, ofreciendo distracción y perspectiva.
- Apoyando en lo que podamos: trámites burocráticos, buscar las manos que no siempre podemos ofrecer (apoyo de otras personas, cuidadores…)
- Estando, y felizmente hoy en día la tecnología nos brinda muchas formas de estar para complementar las visitas que, a partir de un determinado momento, ya sólo nosotros vamos a poder hacer.
Muy importante en estos procesos, cuidarnos nosotros también. Para nosotros, de la misma manera, es especialmente difícil estar lejos cuando las cosas no andan bien en casa, pero entrar en dinámicas de preocupación no va a ayudar a nadie, ni aquí, ni allí. Pongamos entonces en práctica la bendita aceptación – recuerda para ello respirar y soltar, relajar tus músculos, en vez de rechazar y luchar -, hagamos lo que nosotros sí podamos hacer por ellos y por nosotros y, sigamos valorando y disfrutando todo lo bueno que tenemos alrededor. Eso nos permitirá llegar con la mochila cargada de energía, amor y aportar en positivo.
Aprovecho para recordarte que en julio empezamos con el nuevo semestre de los encuentros mensuales online, en los que investigamos, entre otras, esta temática, ¡y todavía nos queda una plaza libre! No dudes en pedir información. Por otra parte, en octubre nos veremos en el taller: Fortalece tu autoestima, presencialmente en Múnich.
