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Algunas diferencias culturales

 

¡Hola! Preparando información el otro día para el programa Funk Radio abril 14, repasé algunas ideas que compartían los entrevistados para el libro que estoy terminando, y añadiendo algunas reflexiones de mi propia cosecha, salieron conceptos que hoy quiero compartir con vosotros todos, y especialmente, con los que, como yo, vivís en “las alemanias”.

En primer lugar es interesante constatar la diferente utilización que hacemos del lenguaje: los hispanos solemos utilizar la palabra para socializar, para transmitir pertenencia, afecto, nerviosismo… y todo tipo de emociones en general. Hablamos casi constantemente aunque no digamos nada, tenemos una necesidad permanente de verbalizar. En un post anterior, escribí sobre el libro El Cerebro del Niño; en este libro vemos que esta aparente “verborrea” tiene un sentido: nos permite integrar los dos hemisferios cerebrales al poner en palabras (hemisferio izquierdo) las emociones que estamos sintiendo (hemisferio derecho) y eso nos beneficia y nos hace crecer en nuestro proceso evolutivo.

En Alemania sin embargo – generalizando claro como siempre que hablamos de estas cosas – no nos vamos a encontrar con esta utilización del lenguaje: si un alemán tiene algo que decir, lo expresa, y si no tiene nada que decir, se calla. Para un alemán un silencio no es un “silencio incómodo” como para nosotros, simplemente es un silencio.

Presentación1Por otra parte, cuando un alemán dice sí, es sí, de verdad. Si tú le preguntas “¿te gusta este vino?” y su respuesta es “sí”, puedes estar absolutamente segur@ de que le gusta. Esto no sucede entre hispanos, que tan preocupados como estamos siempre por agradar – influidos por nuestro anhelo de pertenencia al grupo vs la independencia alemana – con mucha frecuencia vamos a contestar lo que creemos que el otro espera que contestemos. Por tanto, en Alemania, cuidado con lo que preguntas… ;D Es posible que no te guste la respuesta; también es posible que te lo tomes como algo personal… (“¿será borde el alemanote este? Estoy aquí desviviéndome para agradarle con la cena y mira lo que me contesta…”). Cuando pase un poco más de tiempo, te habrás acostumbrado a esta sinceridad, a este estilo más asertivo y concreto de utilizar el lenguaje y empezarás a apreciarlo, ¡tiene su encanto! Ahora date un poco de tiempo… esto viene con la práctica.

Otra ventaja que tiene esto de interculturalizarse y convertirse en “ciudadano del mundo” es que uno aprende a pedir las cosas con claridad y a decir lo que piensa con honestidad, pues con el tiempo, vas constatando que nadie va a venir a adivinar lo que quieres, qué es lo que necesitas en este momento o cuál es tu verdadera opinión sobre algo; si no expresas otra cosa, se entiende que para ti está todo bien así.

Tampoco existe la doble intención del lenguaje que hacemos los hispanos. En Alemania el mensaje es más claro y directo, no se utilizan tan frecuentemente “tonos paraverbales” sutilmente irónicos o ligeramente acariciadores… esa “flema” te la encuentras frecuentemente en países como Inglaterra, Francia o España, pero aquí no, el tono es más monocorde. Ellos son fácilmente capaces de transmitir con un tono muy parecido mensajes como “pásame la mantequilla” y “¿vas a dejar ya de dar patadas a ese niño?”. Aquí el lenguaje no verbal es más escaso, son menos expresivos aunque sí es verdad que hay un tono sutil que acompaña algunas verbalizaciones, que es tan sutil, que los que venimos de fuera normalmente no lo pillamos, esto corresponde a una etapa superior de “alemanización”.

Pues con estas reflexiones os dejo. ¿Tenéis alguna idea que sumar a estas? ¡No dejéis de compartir para uso y disfrute de otros como vosotros!