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Talleres en Madrid

Querid@s amig@s todos,

Ahora que ya hemos estrenado año, os cuento alguno de mis planes. ¿Recordáis el ejercicio que os propuse hace un par de meses? Consistía en definir a qué nos gustaría dedicar nuestro tiempo si fuésemos millonarios, tuviésemos todo el tiempo del mundo y no tuviéramos miedo. Pues bien, cuando yo lo hice, una de las cosas que salió fue compartir lo que sé en materia de desarrollo personal, lo que he aprendido con mi formación y experiencia, lo que a mí me ha servido en defintiva. Por esta razón, empiezo el año programando unos tallercitos en Madrid.

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En mi caso, la palabra escrita es aún más fluida que la hablada… pero… ¿cómo mejoramos en esta vida? ¡Afrontando retos y desafíos! Así que me pongo a ello y ojalá que nos encontremos en alguno. En concreto he planificado los siguientes talleres:

  1. 14 de enero: Inteligencia emocional: aprende a entender, aprovechar y gestionar tus emociones
  2. 28 de enero: Contra el estrés: gestiona tu tiempo
  3. 11 de febrero: Dile lo que le tengas que decir pero díselo bien: comunicación (en pareja) asertiva
  4. 25 de febrero: ¿Me falta un tornillo? No, tal vez seas una persona altamente sensible: PAS (Personas altamente sensibles)
  5. 11 de marzo: Quiero conseguir mis objetivos pero no sé por dónde empezar: utiliza autocoaching (Trabajaremos con dos ejemplos: encontrar trabajo y perder peso)
  6. 25 de marzo: Realmente… ¿es esto la vida?: encuentra tu equilibrio y recupera tu autoestima

 

¿Cuándo?: Sábados de 10:30 a 13:30 h

¿Dónde?: Madrid

Precio: 40 €. Bono: 3 talleres por 100 €

¡Reserva ya tu plaza en lolahernandez.coaching@gmail.com! El espacio disponible por el momento es limitado 😉

¿Me ayudas a compartirlo?


¿Celos@ yo?

Sí, tú… yo sí desde luego, he mejorado mucho con los años pero aún siento celos y es claramente un área de mejora todavía para mí, por eso quiero compartir algunas reflexiones al respecto con vosotr@s, por eso y porque un@ de vosotr@s ha tenido a bien compartir esta inquietud y pedirme que escribiese sobre el tema, y ya sabéis que vuestros deseos son órdenes para mí 🙂

Yo creo que para sentir celos se tienen que dar tres aspectos: comparación, juicio negativo y miedo. Sentimos celos cuando nos comparamos con los demás y al mismo tiempo, hacemos un juicio negativo sobre nosotr@s mism@s como resultado de esa comparación, lo que a su vez nos hace temer perder a nuestr@ amad@. La persona con la que nos comparamos, siempre es más joven, alta, guapa, delgada, inteligente, interesante, enigmática, exitosa… que nosotr@s y eso lo interpretamos automáticamente como una señal de peligro.

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¿Hay algo que podamos hacer al respecto? Por supuesto que sí… 🙂 Como siempre, el coaching nos ayuda a definir acciones concretas. En primer lugar, ¿qué tal si empezamos a dejar de compararnos con el resto de los seres humanos? Compararnos con los demás… ¿nos aporta algo? Hombre sí, yo creo que hay una parte valiosa en el hecho de compararnos con los demás, y es que nos permite tomar conciencia de aspectos que los demás presentan, que creemos no poseer y que son lo suficientemente importantes como para llamar nuestra atención. Una vez que hemos tomado conciencia podemos hacer algo para introducir un poquito más de misterio en nuestra relación, cuidar más la ropa que llevamos, o cultivarnos un poco en temas de nuestro interés, por poner unos ejemplos. En definitiva, comparación sí para aprender y hacer cosas por nosotr@s, no para “machacarnos”.

A continuación podemos trabajar en los autojuicios que hacemos. ¿Por qué crees que tu pareja se enamoró de ti? Si ya no te acuerdas… ¿qué tal si se lo preguntas? A lo mejor te sorprendes… pero seguramente lo que le enamoró fue tu forma de SER, y eso es algo muy personal que no se puede encontrar en otra persona. ¿Por qué te enamoraste tú de ella? ¿Por su belleza perfecta, su cuerpo hercúleo y su inteligencia sin límites? O porque hay algo en su SER que te conquistó. ¿Qué tal revisar el autoconcepto que tienes de ti y poner en valor tu SER y todo lo que ERES.

Y por último, el miedo a ser abandonados… Si yo soy una persona que se conoce, valora, cuida y que aprende más y más cada día sobre sí misma y sobre la vida… ¿realmente sería tan terrible que mi pareja me dejase? ¿Crees que es probable que eso sucediera? Y aún en el caso de que esto ocurriese ¿se acabaría el mundo? O más bien… ¿empezaría una nueva etapa para ti? ¿Es posible que esa etapa fuera incluso mejor? Por otra parte, llegado el caso… ¿realmente querrías mantener una relación con una persona que ya no te quiere?


Hani hani (@)

Esta nuestra vida tiene momentos estupendos, no carentes de otros menos estupendos que pueden aportar experiencias de desorientación o incluso de desolación a nuestra existencia. Hasta ahí estamos de acuerdo ¿no? Quién no se ha quedado alguna vez sin trabajo, se ha separado o ha experimentado una pérdida importante…  Vamos a dar un paso más: ¿qué es lo que hace que en esos momentos sintamos desorientación y desolación? Pues yo creo que en buena medida la falta de confianza.

Si tú también perteneces a la categoría de “personas altamente proactivas” y además un poquito perfeccionistas e impacientes, puede ocurrir que ante alguna de estas circunstancias pases masivamente a la acción y quieras ver resultados “rapidito… ¡¿eh?! Que no tengo toda la vida…” y sin embargo las cosas no siempre funcionan así. Y digo más, por fortuna no funcionan así, y aquí entro en una esfera más trascendental.

Independientemente de las creencias que cada uno pueda tener, yo personalmente creo que la vida tiene un plan para nosotros, en el que por supuesto nosotros podemos influir, lo hacemos constantemente, y al mismo tiempo, pertenecemos a un conjunto más amplio de seres, experiencias y procesos con los que interactuamos de una forma tan compleja e increíble que cada uno acaba viviendo lo que necesita en el momento adecuado y en las circunstancias adecuadas para que se produzcan los aprendizajes correspondientes.

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Desde que estoy convencida de que las cosas suceden cuando tienen que suceder, cada vez me desespero menos tratando de forzar lo que tal vez no tiene sentido para mí que suceda y abro más los ojos, observo, reflexiono y acepto, los tiempos que tiene mi vida, el feedback que me da y cómo se comunica conmigo. Las enseñanzas que estoy obteniendo son inagotables, no puedo evitar sonreír al recordar algunas, como aquella pareja o aquel trabajo o aquella ciudad que no eran para mí porque simplemente la vida tenía otros planes a su debido momento, cuando se dieron las circunstancias adecuadas…

¿Tú qué crees? ¿A ti también te ha enseñado esto la vida? A lo mejor te viene bien tenerlo presente la próxima vez que tú o alguien de tu entorno, se encuentre tratando de forzar los acontecimientos. ¿Quieres compartirlo con alguien más?

(@) Expresión que utilizan los saharauis cuando alguien trata de hacer una predicción sobre lo que pasará. Ellos contestan “Hani hani” que es una forma de decir, “tranquil@, será lo que tenga que ser” 🙂


Renovación

Muy buenas. Llega el otoño y con él… ¡tiempos de renovación! Pues sí amig@, pronto se empezarán a caer las hojas de los árboles – por aquí, por las alemanias, ya está sucediendo – nuestros cuerpos empezarán también a renovar su aspecto mudando de uno más veraniego y abierto, hacia otro más invernal e intimista, la agenda también se irá actualizando con el inicio del nuevo curso y el final de las vacaciones… ¡y así con todo!

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Aprovechando la metáfora de la renovación, quiero reflexionar sobre otras cosas que nos vendría bien renovar, y con ello soltar, dejar ir, como las hojas… Qué tal por ejemplo dejar ir algún hábito indeseado y empezar a renovarnos con el cultivo de otro más estimulante, por ejemplo podríamos cambiar fumar por hacer yoga, vida sedentaria por paseos otoñales o dieta hipercalórica por dieta sana. Otra opción sería soltar emociones que pertenecen al pasado para que dejen de acompañarnos en nuestro presente, por ejemplo un enfado que ya no está vigente o un rencor motivado por algo que sucedió en el pasado, tal vez incluso hace mucho tiempo ya. Es posible que en nuestro afán por conocernos mejor a nosotros mismos, hayamos tomado conciencia de una forma de reaccionar que nos causa problemas, algo que tiene su origen en nuestra historia, que posiblemente tuviese mucho sentido en algún momento de nuestra vida, pero que ya no nos aporta nada más que sufrimiento; por ejemplo, pudiera ocurrir que como alguna vez tuvimos una mala experiencia con un amigo o con una compañera, y ese suceso de alguna forma quedara marcado en nuestro recuerdo y no fuese resuelto, estuviésemos reaccionando en el presente de forma similar a como lo hicimos. Sería bueno en este caso trabajarlo conscientemente, generar una respuesta más adaptativa y dejar ir esa forma obsoleta de reaccionar.

Sea lo que fuere que necesites renovar, tienes una buena oportunidad con este otoño recién estrenado… recuérdalo cuando veas caer las hojas, y no olvides comentarlo con alguien, seguramente otras personas necesitan también soltar algo de su pasado, que está distorsionando su presente.


Inspírate

Empieza el nuevo curso y con él, quiero compartir un mensaje inspirador que me hace llegar mi maridito. Él es una persona que tiene la costumbre de tropezarse con personas excepcionales y lo más importante de todo, de darse cuenta de ello.

Todos nos cruzamos a diario con personas increíbles, lo que ocurre es que frecuentemente estamos tan concentrados en nuestro diálogo interior o en el teléfono inteligente… que pasamos de largo ante ellas sin reparar en el regalo que tienen para nosotros. Él me contaba el otro día, que cuando fue a pasar el TÜV (la ITV alemana) se encontró con un empleado que sorprendentemente no solo no estaba aburrido de decir a cada cliente: “intermitente izquierdo, intermitente derecho, freno…” sino que le recibió con un flamante: “¡hola! ¡Vamos a hacer de este momento una bonita experiencia!”.

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En otra ocasión, un vendedor de Crepes en un biergarten compartió con él que no concebía hacer un trabajo mejor que ese, siempre poniendo sonrisas en la boca de sus clientes al disfrutar de una deliciosa y jugosa crepe con Nutella… ¡¡ummm!!

Me viene también a la cabeza un empleado griego, que viene anualmente a cambiar el contador de la calefacción y que siempre llega acompañado de su sonrisa, recordando que yo soy española, y compartiendo un rato con nosotros para comentar lo bien que se siente en este país y en este trabajo, e interesándose por cómo están las cosas en “Spanien”.

Estas personas son excepcionales, ¿por lo que hacen?… ¿Por los conocimientos que tienen?… ¿Por el dinero que ganan?… No. Son excepcionales por la sabiduría que tienen, por su saber hacer, por saber disfrutar de su tarea diaria y convertirla en un momento de inspiración para las personas que tienen “la suerte” de cruzarse con ellos y verles… ¿Te lo quieres perder la próxima vez? ¿Quieres hacer algo para parecerte a ellos?

¿He conseguido inspirarte aunque sea un poco? ¡Qué tal si tú haces lo mismo compartiendo este mensaje con otros como tú ;)!

Por un septiembre excepcional… ¡¡por qué no!!


Pérdida y aceptación

Hoy abordamos el período estival con una reflexión que tiene que ver con los cambios imprevistos. Y es que a veces en la vida, las cosas suceden así: de repente. De repente recibes una noticia, de repente cambia algo importante, experimentas una pérdida o sucede algo que cambia completamente tu rutina profesional o personal.

Cuando hablamos de cambios imprevistos no deseados tenemos que mencionar a la experta por antonomasia en estas lides: Elisabeth Kübler-Ross. Esta científica suiza, dedicó parte de su vida a investigar sobre los procesos que viven las personas cuando están próximas a la muerte y desarrolló un famoso modelo sobre las etapas de duelo por las que pasamos cuando nos enfrentamos a cambios más o menos imprevistos y no deseados:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

Aunque en principio estas etapas de duelo están referenciadas a sucesos como la pérdida de un ser querido o el diagnóstico de una enfermedad terminal, también se pueden dar en una versión tal vez más “suave” en  cualquier episodio de cambio no deseado y repentino.

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Hasta llegar a la fase de Aceptación, vamos a experimentar emociones: vamos a tratar de negar o rechazar lo que ha pasado – esto no puede ser verdad –, vamos a resistirnos con rabia más o menos acentuada a la pérdida que se avecina, pasaremos por una etapa de ajuste – vale, ya que tengo que aceptar pulpo como animal de compañía, quiero al menos decidir en qué habitación lo voy a alojar – y experimentaremos también la tristeza más o menos intensa de la pérdida. Un aspecto fundamental durante todo este proceso es la aceptación de las propias emociones que vamos a sentir. Es tiempo de permitirnos estar tristes o sentir enfado, sin aferrarnos a esas emociones, pero sin tampoco meterlas debajo de la alfombra o tratar de disimularlas. Tomarnos tiempo para dejar salir nuestra rabia o para sentir nuestra tristeza facilitará el avance por estas etapas, hasta la deseada aceptación.

Pues te dejo investigando un poco sobre estos procesos y tal vez repasando cómo te has enfrentado anteriormente a las pérdidas, ¿tal vez te quedaste atascad@ en alguna etapa? ¿Hay algún proceso por concluir o alguna emoción retenida? A la luz de este sabio modelo ¿qué podrías hacer de forma diferente para encajar y aceptar las pérdidas futuras? ¿Conoces a alguien que haya sufrido una pérdida recientemente? ¡Comparte! 🙂


¿Estoy de los nervios? No, soy PAS

Las personas altamente sensibles (PAS) podemos desarrollar más fácilmente que los demás un buen número de cualidades: creatividad, intuición, genialidad, un agudo sentido del humor, complicidad, empatía, solidaridad, somos personas con valores, sabias, artistas, tenemos un aspecto juvenil, en ocasiones más inteligentes que la media, vemos más allá…

Los que somos poseedores de este rasgo de personalidad también podemos experimentar sensaciones molestas como sentirnos más activados que la media por situaciones que a los que no son PAS les alteran menos, al tener un sistema nervioso hiperreactivo, en ocasiones nos bloqueamos y necesitamos hacer una pausa para resetearnos (“igualic@s” que los ordenadores), percibimos con intensidad y queramos o no tooooooooooooooodo lo que sucede a nuestro alrededor: todo lo que nos dicen con palabras, lo que nos dicen sin palabras, el ambiente reinante, los ruidos, la luz, los olores, el frío o el calor… y también todo lo que ocurre en nuestro interior: palpitaciones, sudoración, diálogo interior, hambre, enfermedad… y claro, tanto percibir, tanto percibir… ¡cansa! Y luego un@ necesita nuevamente… hacer una pausa con más frecuencia que los no PAS.

Además, los PAS somos más vulnerables a los padecimientos psicosomáticos, a caer en adicciones y a trastornos como la ansiedad y la depresión…

El segundo y el tercer párrafo no te han gustado tanto si tú también eres PAS… ¿verdad?

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Bueno… ¡la vida misma! Todo tiene una parte positiva y otra no tanto. Lo más importante es que siempre podemos HACER algo al respecto. Nosotros no somos defectuosos, simplemente somos en cierto modo diferentes, lo cual está muy bien, porque todos lo somos de alguna forma y eso enriquece y mucho a las sociedades y sistemas que lo saben aprovechar. Los PAS tenemos simplemente un ritmo distinto y nuestro reto es encontrarlo y adaptar nuestra vida a ese ritmo porque cuando lo hacemos emerge la gran fortaleza que tenemos en nuestro interior, y si no lo hacemos, ya sabes lo que decía en los párrafos dos y tres…

Lo que acabo de contar es un pequeño resumen de lo que puedes encontrar en el altamente recomendable libro de Elaine Aron: El don de la sensibilidad. Si eres PAS, si hay alguien en tu círculo próximo que lo sea (representamos alrededor del 25% de la población), si eres terapeuta, directivo, educador, profesional sanitario o político… este es tu libro. Teniendo en cuenta que todos pasamos por etapas de especial sensibilidad en la vida, incluso un no PAS puede sacar buen provecho del mismo.

¡Ah! ¿Qué no sabes si eres PAS? Échale un vistazo a este Documental y a esta otra entrada del blog.

Ojalá que esta información llegue a muchos PAS que no saben que lo son – como yo misma hace poco más de un año… ¡y eso que soy psicóloga y coach! Te digo yo que en casa del herrero…-. Cuando  lo sepan y reordenen su vida, van a experimentar mucho bienestar. Con ese deseo lo comparto ¿me ayudas a difundirlo?


El ordeñador

¡Hola corazones! 🙂

¿Qué tal ha ido la gestión del perdón durante el mes de junio? ¿Y el rencor? Yo personalmente sigo lidiando con ello, es una de esas guerras personales que tiene varias batallas, y cada una de ellas ha de ser afrontada.  Como dice mi madre “no se ganó Zamora en una hora…” y es cierto, con el desarrollo personal también funciona así, hay que seguir ahí día tras día insistiendo.

Para reforzar el concepto que sobre el perdón y el rencor compartí el mes pasado, para julio te propongo un ejercicio: “el ordeñador”. Lo he llamado así en honor a mi madre (que he venido a Múnich y me tiene loca de contenta :)) Pues bien, cuando yo era más jovencita y tenía algún ataque de ira, ella me decía “¡niña, ordéñate!” jaa jajajajajaja, ahora me hace muchísima gracia acordarme de eso.

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El ejercicio consiste en sacar la rabia que llevas dentro y consta de los siguientes pasos:

  • En primer lugar, siéntate un rato tranquil@, pon las manos en la tripita y toma conciencia de cómo te sientes y en qué estás pensando. ¿Qué tal ha ido el día? ¿… y la semana? ¿Has tenido algún conflicto? ¿Hay alguna persona que se cruce en tus pensamientos con más frecuencia de lo deseado y no para generar precisamente buenas emociones? Vale: identifica entonces la situación que te ha producido esa rabia y a la persona implicada.
  • Busca un rato y un sitio en el que estés sol@. Cuando vamos a dejar salir energía negativa es mejor estar sol@ y después ventilar, para que esa energía no se quede allí afectando a otras personas que no tienen la culpa de lo que ha pasado y/o de lo que tú has sentido.
  • Elige una forma de “ordeñarte” que funcione para ti en esas circunstancias. Algunas ideas:
  1. Chillar como un descosido cuando vas sol@ en el coche o cuando estás en el campo, al aire libre
  2. Golpear un cojín como si no hubiera un mañana
  3. Coger un peluche o un trapo y estamparlo reiteradamente contra una silla o contra el lavabo
  4. Pegar una patada a algo (es la opción más arriesgada, por los posibles daños que podemos causar y causarnos). Una posibilidad sería una caja de cartón vacía (hace mucho ruido pero no duele…)
  5. Dar un paseo o correr de forma muy enérgica, al mismo tiempo que das “zapatazos”, patadas o manotazos (ver opción 4 y asegúrate de estar sol@ :))
  • Ponte manos a la obra: ejecuta la actividad elegida mientras evocas lo sucedido y a la persona implicada. Repetir tantas veces como sea necesario.

¿Se te ocurre alguna estrategia más? ¿Quieres compartirla?

 


Perdón y rencor

“El rencor no es un buen compañero de viaje”, comentaba hace unas semanas Salvador, el director del Ministerio del Tiempo, ¡¡esa gran serie!! Y esa frase estimuló mi deseo de trabajar en ese tema, como siempre, personalmente y de paso, compartirlo contigo.

Otra persona que es un referente para mí en estas cuestiones es Eduardo Madina, que como tal vez sepas, además de un conocido político en España, fue víctima de ETA. Como consecuencia del atentado terrorista que sufrió, su madre entró en una profunda depresión que propició que tuviera un infarto por el que perdió la vida. Para Eduardo no debió ser fácil superar todo eso y sin embargo, cuando los periodistas le preguntaban el decía que no sentía rencor, que había perdonado a los terroristas para poder seguir adelante con su vida.

Y es que sí, yo también creo que el rencor nos mantiene atados a las malas experiencias que hemos vivido, a las malas sensaciones y no nos deja seguir adelante, pasar página.

Yo sin ir más lejos recientemente he experimentado un enfado largo, demasiado largo incluso, por una cuestión profesional. Ciertamente, cuando surgieron los problemas me sentí muy sorprendida, no daba crédito a lo que estaba pasando, no se correspondía en nada con lo que yo esperaba recibir por parte de una persona profesional. Y ahí empezó mi error: ¿dónde está escrito qué comportamientos son profesionales y cuáles no lo son? ¿En qué manual puedes leer que las personas tienen que ser tan simpáticas y agradables como tú?

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Utilizando la terminología PNL, volví, una vez más, a confundir el mapa con el territorio: las cosas son como son, no como yo las veo. Esta persona claramente tenía una visión completamente diferente de la mía, y no por ello dejaba de ser legítima, aunque sus formas de expresarlo pudieran ser mejorables… Pero… ¿quién no comete errores? ¿Acaso yo me expreso siempre adecuadamente? ¿A quién le corresponde juzgar los errores de los demás? Está claro que a mí no…

Por tanto, y siguiendo las buenas recomendaciones de mi amiga Manina, he empezado a limpiarme de todas esas malas sensaciones, he empezado a perdonar internamente lo ocurrido, tomando conciencia ahora con perspectiva, que realmente tampoco fue para tanto… Soy yo la que he magnificado una situación no deseable, sí, pero que como diría mi querida Paloma, no deja de ser una soberana memez.

Estoy segura de que esta limpieza interior será buena para mí y eso es lo más importante, me permitirá soltar lastre y dejar espacio en mi mochila para que entren cosas mejores. No sé qué pasara con la relación, es posible que no lleguemos a desarrollar una profunda amistad, ¿o quizá sí? En cualquier caso, habré aprendido algo de todo esto, seguiré adelante con mi vida y no me quedare ahí.

¿Tú cómo te llevas con el rencor y el perdón? ¿Algún conflicto pendiente de soltar? Pues ala ala… estoy segura de que tú también quieres para tí mejores compañeros de viaje.


Aceptación y acción

Hoy quiero escribir de nuevo sobre un concepto fundamental para nuestro bienestar personal: la aceptación.

Es un tema sobre el que he insistido bastante pero pienso seguir haciéndolo porque cada día me doy cuenta de lo fundamental que es. Estoy convencida de que poner verdaderamente en práctica la aceptación es una de las mejores llaves que tenemos a nuestra disposición para abrir la puerta de nuestra paz interior.

Vamos a entrar un poco en “harina”: ¿Qué hay detrás de este tipo de situaciones?: Este dolor de cabeza me está matando, mis hijos son unos trastos y no paran de hacer ruido… ¡no puedo soportarlo!, mi compañera del trabajo es una siesa, ¡no la aguanto!, mi novio no tiene memoria, ¡otra vez ha olvidado la fecha de nuestro aniversario!, estoy harta de este trabajo, otra vez una cola de clientes que llega hasta la puerta…

Detrás de estas situaciones puede haber varias cosas, cosas que podemos hacer para mejorar esas vivencias, y además yo veo un denominador común en todas ellas: la NO ACEPTACIÓN.

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¿Aceptar significa resignarse o tirar la toalla? No, aceptar significa analizar cuál es mi punto de partida con respecto a una situación. Ese punto de partida me puede permitir ver qué parte de la situación escapa a mi control, y por tanto no puedo hacer otra cosa más que ACEPTARLA y al mismo tiempo, me permite tomar conciencia de qué parte de la situación sí depende de mí y por tanto qué puedo hacer para cambiarla.

En las situaciones anteriores puedo empezar aceptando (y por tanto NO RECHAZANDO y NO haciendo conjeturas en mi cabeza sobre CÓMO TENDRÍAN QUE SER LAS COSAS) mi dolor de cabeza, que los niños normales hacen ruido, que mi compañera es poco expresiva, que la memoria no es el fuerte de mi chico y que mi trabajo es como es en el momento presente.

A continuación, puedo dar un paso más y pasar a la acción para cambiar en la medida de mis posibilidades esa situación: puedo tomar conciencia de que tal vez he bebido poca agua y beber más me podría ayudar con el dolor de cabeza, puedo darme cuenta de que tal vez estoy asumiendo demasiado sol@ la responsabilidad en el cuidado de mis hijos y pedir ayuda, puedo fijarme en otras cualidades de mi compañera o buscar relacionarme más con otros compañeros más afines, puedo valorar otras cualidades de mi pareja y regalarle una agenda :), puedo proponer mejoras en el trabajo para reducir las colas de clientes y a lo mejor plantearme otras opciones profesionales…

Como ves, la aceptación no tiene que estar necesariamente unida a la resignación, es mucho lo que podemos hacer por nosotros frente a una situación adversa, y una buena forma de empezar puede ser aceptarla primero y después, remangarnos a ver qué podemos cambiar. ¿Te parece? ¿Ves algún obstáculo para hacer esto? ¡Pues cuéntame a ver qué te puedo aportar! 🙂