Aceptación y acción

Hoy quiero escribir de nuevo sobre un concepto fundamental para nuestro bienestar personal: la aceptación.

Es un tema sobre el que he insistido bastante pero pienso seguir haciéndolo porque cada día me doy cuenta de lo fundamental que es. Estoy convencida de que poner verdaderamente en práctica la aceptación es una de las mejores llaves que tenemos a nuestra disposición para abrir la puerta de nuestra paz interior.

Vamos a entrar un poco en “harina”: ¿Qué hay detrás de este tipo de situaciones?: Este dolor de cabeza me está matando, mis hijos son unos trastos y no paran de hacer ruido… ¡no puedo soportarlo!, mi compañera del trabajo es una siesa, ¡no la aguanto!, mi novio no tiene memoria, ¡otra vez ha olvidado la fecha de nuestro aniversario!, estoy harta de este trabajo, otra vez una cola de clientes que llega hasta la puerta…

Detrás de estas situaciones puede haber varias cosas, cosas que podemos hacer para mejorar esas vivencias, y además yo veo un denominador común en todas ellas: la NO ACEPTACIÓN.

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¿Aceptar significa resignarse o tirar la toalla? No, aceptar significa analizar cuál es mi punto de partida con respecto a una situación. Ese punto de partida me puede permitir ver qué parte de la situación escapa a mi control, y por tanto no puedo hacer otra cosa más que ACEPTARLA y al mismo tiempo, me permite tomar conciencia de qué parte de la situación sí depende de mí y por tanto qué puedo hacer para cambiarla.

En las situaciones anteriores puedo empezar aceptando (y por tanto NO RECHAZANDO y NO haciendo conjeturas en mi cabeza sobre CÓMO TENDRÍAN QUE SER LAS COSAS) mi dolor de cabeza, que los niños normales hacen ruido, que mi compañera es poco expresiva, que la memoria no es el fuerte de mi chico y que mi trabajo es como es en el momento presente.

A continuación, puedo dar un paso más y pasar a la acción para cambiar en la medida de mis posibilidades esa situación: puedo tomar conciencia de que tal vez he bebido poca agua y beber más me podría ayudar con el dolor de cabeza, puedo darme cuenta de que tal vez estoy asumiendo demasiado sol@ la responsabilidad en el cuidado de mis hijos y pedir ayuda, puedo fijarme en otras cualidades de mi compañera o buscar relacionarme más con otros compañeros más afines, puedo valorar otras cualidades de mi pareja y regalarle una agenda :), puedo proponer mejoras en el trabajo para reducir las colas de clientes y a lo mejor plantearme otras opciones profesionales…

Como ves, la aceptación no tiene que estar necesariamente unida a la resignación, es mucho lo que podemos hacer por nosotros frente a una situación adversa, y una buena forma de empezar puede ser aceptarla primero y después, remangarnos a ver qué podemos cambiar. ¿Te parece? ¿Ves algún obstáculo para hacer esto? ¡Pues cuéntame a ver qué te puedo aportar! 🙂


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